25/06/2026
Hay decisiones que se entienden con la mente, pero cuestan muchísimo con el corazón.
Muchas personas permanecen durante años en vínculos que les generan sufrimiento y luego se juzgan por no haber podido marcharse antes. Sin embargo, pocas veces se reconoce lo complejo que puede ser ese proceso.
No se trata simplemente de tomar una decisión y seguir adelante. En muchas ocasiones existe cariño, recuerdos valiosos, momentos significativos, proyectos compartidos y la esperanza de que las cosas vuelvan a ser como alguna vez fueron.
Por eso, cuando alguien decide poner fin a una relación que le ha causado dolor, rara vez lo hace desde la indiferencia. Generalmente llega después de intentarlo muchas veces, de cuestionarse, de sentir culpa, de tener miedo y de enfrentar una profunda tristeza.
Terminar una relación difícil no significa que todo haya sido malo. Tampoco significa que no hubo amor o que lo vivido careció de valor.
Cerrar una puerta no borra los recuerdos, no invalida lo vivido ni convierte todo en un error. Simplemente reconoce una verdad importante: mereces espacios donde puedas desarrollarte, sentirte valorado y vivir con mayor serenidad.
Y es que, en ocasiones, el verdadero desafío no es dejar ir a una persona, sino atreverte a imaginar una vida distinta después de ella.
A veces el paso más valiente no consiste en aferrarse. Consiste en permitirte construir algo diferente.
Porque una vida más plena comienza cuando dejas de sobrevivir y empiezas a elegirte.
-Lic. Vivian Rodríguez