29/05/2026
A veces confundimos el estar con nosotros mismos con esa sensación profunda de vacío que aparece incluso cuando hay compañía alrededor. Y aunque desde fuera puedan parecer iguales, emocionalmente se viven de maneras completamente distintas.
Disfrutar la propia compañía nace desde la tranquilidad. Hay espacio para pensar, descansar, reconectar contigo y sentirte suficiente sin depender todo el tiempo de alguien más. No duele el silencio, porque no se vive como abandono.
En cambio, sentirse solo suele tocar partes mucho más profundas. No siempre tiene que ver con la cantidad de personas alrededor, sino con la falta de conexión emocional. Puedes convivir, hablar, salir o sonreír… y aun así sentir que nadie logra comprender lo que pasa dentro de ti.
Con el tiempo, esa desconexión puede hacer que te cierres, que dejes de expresar lo que necesitas o que empieces a creer que pedir apoyo es una carga para los demás. Entonces el aislamiento deja de ser un momento temporal y comienza a convertirse en una costumbre emocional.
Por eso no todo se trata de aprender a estar sin gente, sino también de construir vínculos donde puedas sentirte visto, escuchado y emocionalmente seguro. Porque la paz no siempre llega desde el silencio, a veces también aparece cuando alguien finalmente logra entenderte.
-Lic. Vivian Rodríguez