11/03/2026
A muchas personas se les ha enseñado que sanar implica perdonar a sus padres.
Sin embargo, dentro de la psicología transgeneracional y del trabajo sistémico, el movimiento interior puede ser distinto. No se trata necesariamente de perdonar, sino de comprender la historia completa de la que nuestros padres también forman parte.
Cada ser humano está profundamente influenciado por su infancia, su contexto, su cultura y por aquello que recibió de generaciones anteriores. Mirar esa historia no significa justificar lo ocurrido, ni minimizar el dolor que pudo haber existido.
Significa reconocer que cada integrante del sistema familiar actuó desde sus propios recursos, sus heridas y su nivel de conciencia.
En muchos procesos terapéuticos, el perdón no aparece como una obligación. A veces el dolor es demasiado grande para ello. Y forzarlo puede convertirse en otra forma de negar lo que se vivió.
En esos casos, el movimiento puede ser otro:
reconocer la experiencia tal como fue y devolver la responsabilidad a cada integrante del sistema.
A partir de ahí, algo diferente se vuelve posible: mirar a nuestros padres con humanidad, sin hacerlos pequeños y sin seguir cargando con aquello que pertenece a su historia.
Y desde ese lugar, continuar con nuestra propia vida.
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