Dra. Olga Josefina Rodriguez Meza

Dra. Olga Josefina Rodriguez Meza Consulto personas que sufren depresion, ansiedad , duelo , terapaia matrimonial, probelmas emocionales, disfuncion erectil , eyaculacion precoz etc...

08/08/2026

Hoy en la escuela se perdió, por un momento, el reloj digital de un niño.

Cuando me avisaron, ya estaban haciendo operación mochila.

Mientras todos buscaban el reloj, me acerqué al niño que lo había tenido por última vez. No era el dueño. Solo había sido el último en tenerlo antes de que desapareciera.

Fui a preguntarle qué había pasado, pero antes me aseguré de algo mucho más importante: llegar tranquila.

No amenazante.
No enojada.
No buscando una confesión.

Solo tranquila.

Conforme hablamos, empecé a pensar que era muy probable que él lo tuviera.

Lo invité a caminar conmigo a un espacio más privado. Me agaché para quedar a su altura y le dije:

—Si tú lo tomaste, prefiero que me lo digas. No estoy molesta y no va a pasar nada.

Se lo dije con un tono ligero, casi como quien conversa.

Después agregué:

—¿Sabes? Yo también me llevé cosas que no eran mías cuando era niña. A veces vemos algo que nos gusta mucho y tomamos una mala decisión. Si tú lo tienes, me lo das, yo lo regreso y aquí no pasó nada.

Unos segundos después, metió la mano en su bolsillo y sacó el reloj.

Le di las gracias por decir la verdad.

Después hablamos de lo que significa tomar una decisión así. Del impacto que tiene para quien pierde algo valioso, pero también para el grupo, porque la confianza tarda mucho en construirse y muy poco en romperse.

Cuando llegaron sus papás, les conté lo ocurrido. Y les hice una petición poco común:

—Por favor, no lo regañen. No le digan que yo les conté. Otro día, en otro contexto, hablen del tema… pero hoy no. Solo quería informarles, nada más…

Porque él ya sabía que había tomado una mala decisión… No necesitaba que además lo humillaran.

A veces creemos que educar consiste en lograr una confesión…Yo creo que consiste en cuidar lo que pasa después de ella.

Porque un niño que puede decir la verdad sin miedo tiene muchas más posibilidades de desarrollar criterio que uno que solo aprende a esconder mejor sus errores.

Este día recuperamos un reloj… Pero, sobre todo, intentamos no perder algo mucho más valioso: la dignidad de un niño.

¿Qué habría aprendido si, después de devolver el reloj, lo hubiéramos avergonzado frente a todos?

Mariana

08/08/2026

🚨 FREUD EXPLICÓ POR QUÉ DESPUÉS DE UNA PÉRDIDA NADA TE SABE A NADA 🚨

Muchas personas en duelo lo describen igual:

👉 "Como, pero no disfruto. Veo series, pero no me entero." 👉 "Todo lo que antes me gustaba, hoy me da lo mismo." 👉 "No es que esté triste todo el día: es que nada me llega."

Y les dicen:

👉 "Distráete, sal, haz algo que te guste." 👉 "Tienes que retomar tu vida." 👉 "Ya no estés así, él querría verte bien."

Pero Freud describió ese apagón con una precisión que sigue impresionando.

En el duelo, dice Freud, "el mundo se ha hecho pobre y vacío".

Y no es una metáfora: es a dónde se fue tu energía.

Freud explicó que el duelo consume una cantidad enorme de energía psíquica: toda tu capacidad de investir el mundo —de que las cosas te importen, te sepan, te emocionen— está ocupada en el trabajo interno de soltar. Por eso la comida no sabe, la música no llega y los planes no ilusionan: no es que el mundo cambió, es que no queda energía disponible para iluminarlo. No estás deprimido por gusto ni te falta actitud. Estás con todos los recursos volcados en la tarea más pesada que existe.

La idea incómoda es esta:

👉 Ese apagón no significa que nunca vayas a volver a disfrutar: significa que ahorita no hay energía sobrante. 👉 Por eso "distráete" no funciona: la distracción necesita una energía que está toda ocupada. 👉 Y compararte con quien no está de duelo es injusto: ellos tienen el tanque libre y tú lo tienes en obra.

Pero aquí está lo importante:

No te exijas disfrutar todavía: haz lo mínimo indispensable y deja que el trabajo avance. Y guarda esta promesa, que es de lo más consolador que Freud escribió sobre el duelo: cuando la tarea se completa, la energía vuelve a quedar libre —y regresa poco a poco, no de golpe: un día la comida sabe, otro día una canción te gusta, otro día haces un plan y te ilusiona—. Cada uno de esos pequeños regresos es la prueba de que el duelo avanza. El mundo no se apagó para siempre. Está esperando a que tengas energía para volver a encenderlo.

📚 Freud, S. (1992). Duelo y melancolía. En Obras completas (Vol. 14, pp. 235-255). Amorrortu. (Trabajo original de 1917)

06/08/2026

🧠 A veces olvidamos que cosas tan simples como reír, llorar, abrazar, cantar o bailar también tienen un efecto real en el cerebro y el cuerpo. Esta imagen nos recuerda que nuestras emociones no son un lujo ni una debilidad: forman parte de nuestra biología. La risa puede ayudar a reducir la inflamación, llorar puede regular la carga emocional, un abrazo puede dar sensación de seguridad, cantar estimula el nervio vago y bailar favorece nuevas conexiones neuronales. 💛

Cuidar tu mente no siempre empieza con algo complicado. A veces empieza con permitirte sentir, expresar y volver al cuerpo. La alegría, el movimiento y el vínculo humano también son medicina para el cerebro.

¿Cuál de estas acciones sientes que más necesita hoy tu mente? Te leo en los comentarios.





01/08/2026

🚨 FREUD EXPLICÓ POR QUÉ HAY PÉRDIDAS QUE NO SE SUPERAN (Y NO TIENEN POR QUÉ SUPERARSE) 🚨

Muchas personas viven presionadas por esa palabra:

👉 "Todos me preguntan si ya lo superé. ¿Superar qué, exactamente?" 👉 "Han pasado años y sigue doliendo en fechas, canciones, olores." 👉 "Me da miedo que 'superarlo' signifique olvidarlo."

Y les dicen:

👉 "Ya deberías haberlo superado." 👉 "La vida sigue, pasa la página." 👉 "Si aún duele, no lo trabajaste bien."

Pero Freud nunca prometió que el duelo borrara a nadie.

El duelo no borra.

Reorganiza.

Freud describió el duelo como un trabajo: soltar, pieza por pieza, los lazos con quien perdimos, hasta que la vida vuelva a ser posible. Pero soltar los lazos no significa borrar a la persona —de hecho, lo que ocurre es lo contrario: quien amaste queda incorporado en ti, en tus gestos, tus valores, tus decisiones—. Por eso "superar" es una palabra tramposa: sugiere dejar atrás, cuando lo que pasa es que aprendes a llevar contigo. El dolor no desaparece del todo; cambia de forma: de herida abierta a cicatriz que a veces avisa que ahí hubo amor.

La idea incómoda es esta:

👉 "Superarlo" no significa dejar de sentir: significa que la vida vuelve a caber. 👉 Que duela en fechas o con una canción no es que hiciste mal el duelo: es que fue importante. 👉 Y el mandato social de superar rápido no ayuda a nadie: solo obliga a fingir.

Pero aquí está lo importante:

Cambia la meta y respira: no persigas el día en que no duela nunca; observa si vas pudiendo vivir —dormir, trabajar, reírte, hacer planes— con esa persona adentro en vez de encima. Esa es la señal real de avance, no la ausencia de lágrimas. Y quédate con esto: no tienes que elegir entre sanar y recordar. Los duelos bien vividos terminan así —no en el olvido, sino en poder hablar de quien perdiste con cariño y sin derrumbarte—. Nadie te está pidiendo que lo dejes atrás. Solo que puedas seguir caminando, con él contigo.

📚 Freud, S. (1992). Duelo y melancolía. En Obras completas (Vol. 14, pp. 235-255). Amorrortu. (Trabajo original de 1917)

31/07/2026

🚨 BOWLBY EXPLICÓ POR QUÉ LLAMAS A TU MAMÁ CUANDO ALGO SALE MAL (AUNQUE TENGAS 40 AÑOS) 🚨

Muchas personas lo hacen sin pensarlo:

👉 "Me dieron una mala noticia y lo primero fue marcarle a mi mamá." 👉 "Tengo mi propia familia y sigo necesitando oír su voz cuando algo se cae." 👉 "Me da hasta pena: soy adulto y en las crisis quiero a mi mamá."

Y les dicen:

👉 "Ya estás grande para eso." 👉 "Deberías resolver tus cosas solo." 👉 "Eso es ser dependiente."

Pero Bowlby demostró que ese impulso es exactamente lo que se espera de un adulto sano.

El apego no es cosa de niños.

Es un sistema que funciona toda la vida, y se enciende justo en las crisis.

Bowlby mostró que todos tenemos un sistema de apego que se activa ante el peligro, la enfermedad o el susto, y que nos empuja a buscar a nuestra figura de referencia —la persona que representa refugio—. Ese sistema no caduca a los 18 años: sigue operando a los 40, a los 60. Por eso, ante una mala noticia, el adulto marca a su madre, busca a su pareja o llama a su amigo de siempre. No es regresión ni debilidad: es la conducta normal de un ser humano que tiene una base segura. Y quienes la tienen, se recuperan mejor y se atreven a más.

La idea incómoda es esta:

👉 Buscar a alguien cuando algo duele no es dependencia: es cómo estamos hechos. 👉 La independencia total no es madurez: los adultos más sanos son los que saben apoyarse. 👉 Y quien nunca busca a nadie muchas veces no es más fuerte: aprendió que pedir no servía.

Pero aquí está lo importante:

Cuida tus bases seguras: tu madre, tu pareja, tu amigo de toda la vida, la gente que responde cuando llamas —esos vínculos no son un lujo, son infraestructura emocional—. Y ofrécete como base para otros: contestar el teléfono a las 11 de la noche, estar sin dar consejos, decir "aquí estoy" es de las cosas más valiosas que puedes hacer por alguien. Si tu madre ya no está, esa necesidad no desaparece: hay que reconstruir con quien sí está. Necesitar a alguien en las crisis no te hace niño. Te hace humano, y con suerte, acompañado.

📚 Bowlby, J. (1989). Una base segura: Aplicaciones clínicas de la teoría del apego. Paidós. (Trabajo original de 1988)

28/07/2026

"HAY HIJOS QUE RECLAMAN HERIDAS DE INFANCIA 💭 SIN VER TODO LO QUE SU MADRE TUVO QUE SANAR MIENTRAS LOS CRIABA" 👀

Hay hijos que llevan años enumerando cada cosa que su madre hizo mal, cada palabra que dolió, cada momento donde sintieron que no fueron suficientemente cuidados. Y mientras hacen ese recuento minucioso de su propio dolor, jamás se detienen a pensar en lo que esa madre estaba atravesando por dentro mientras los criaba: sus propios traumas sin resolver, su propio miedo, su propio cansancio, su propia batalla silenciosa que nadie le preguntó cómo estaba llevando.

Criar a un hijo no detiene el dolor personal de una madre, simplemente lo obliga a convivir con las responsabilidades diarias. Mientras preparaba el desayuno, mientras llevaba a la escuela, mientras trabajaba para que no faltara nada, esa mujer también cargaba noches de insomnio, decisiones difíciles, heridas de su propia infancia que nunca tuvo tiempo ni acompañamiento para sanar. Y aun con todo ese peso invisible, siguió funcionando, siguió dando lo que podía dar con las herramientas que tenía en ese momento.

Es injusto medir a una madre solo por los errores que cometió sin considerar el contexto completo de lo que estaba viviendo. Nadie construye una infancia perfecta desde un lugar de dolor sin resolver. Y aunque eso no borra el impacto real que ciertos comportamientos tuvieron en un hijo, sí debería abrir espacio para la compasión, para entender que detrás de cada grito probablemente había agotamiento, detrás de cada ausencia probablemente había una lucha que nadie veía.

Sanar de verdad no significa negar el dolor propio ni justificar todo lo que se vivió mal. Significa poder ver la historia completa, reconociendo que esa madre también fue una mujer luchando con lo suyo mientras intentaba sostener lo de todos. Cuando un hijo logra ver esa complejidad, algo cambia en la forma de cargar el propio dolor, porque deja de ser solo un reclamo y se convierte en una comprensión más profunda de lo que realmente significa haber sido criado por un ser humano imperfecto que también estaba sanando en el camino.

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