La Casa de Merlin

La Casa de Merlin Es un lugar donde si eliges puedes abrir tu corazón a tu despertar interior.

En La Casa de Merlín encontrarás artículos para Feng Shui; Radiestesia; Inciensos; Amuletos, Productos para Aromaterapia; Sahumerios; Cuarzos y Piedras para armonizaciones; Velas preparadas y aromáticas; Ángeles; Libros de Metafísica y Regalos.

El mercader y el loroUn mercader persa tenía un loro muy querido que vivía en una jaula de oro. Antes de emprender un la...
19/05/2026

El mercader y el loro
Un mercader persa tenía un loro muy querido que vivía en una jaula de oro. Antes de emprender un largo viaje a la India, el ave le suplicó:
«Cuando cruces los bosques de mi tierra natal, busca a mis hermanos y diles que uno de los suyos vive encerrado lejos de su hogar».
El mercader prometió hacerlo.
En la India, al repetir el mensaje ante un grupo de loros salvajes, uno de ellos tembló violentamente y cayó al suelo, inmóvil. El mercader, entristecido, pensó que la noticia lo había matado.
Al regresar a casa, contó lo sucedido a su loro. En cuanto escuchó las palabras, el ave también se dejó caer, rígida y sin aliento. El mercader, desesperado, abrió la jaula y la colocó sobre la mesa junto a la ventana. De pronto, el loro abrió las alas y se elevó hacia el cielo.
«¿Por qué fingiste tu muerte?», preguntó el mercader, atónito.
Y el loro, ya libre, respondió desde el aire:
«Aquel loro en la India no murió. Me enseñó, con su silencio, que la única manera de salir de la jaula es dejar de creer que la necesitas. A veces, lo que parece el fin es en realidad el despertar».
Con Amor LA CASA DE MERLÍN - Jorge y Esperanza

19/05/2026
La verdadera ofrendaCuentan las crónicas tradicionales que, durante sus viajes por el Punjab, Guru Nanak llegó a una ald...
08/05/2026

La verdadera ofrenda
Cuentan las crónicas tradicionales que, durante sus viajes por el Punjab, Guru Nanak llegó a una aldea donde dos hombres acudieron a él buscando guía espiritual.
El primero era un mercader adinerado. Había financiado templos, realizado peregrinaciones lejanas y ayunado durante semanas. Con orgullo contenido, dijo:
―He dado mucho, he cumplido todos los ritos y he guardado silencio sagrado. ¿Cuándo recibiré la mirada de Dios?
El segundo era un campesino de manos callosas y ropa remendada. No llevaba más que un pequeño puñado de harina que él mismo había molido tras una larga jornada bajo el sol. Con voz humilde, pero firme, dijo:
―No tengo riquezas ni títulos sagrados. Trabajo con honestidad, comparto lo que tengo con quien pasa hambre y repito el Nombre del Creador en cada latido. ¿Aceptará Él lo poco que ofrezco?
Guru Nanak extendió las manos, recibió el puñado de harina y lo sostuvo con reverencia. Luego miró al mercader y habló con dulzura:
―El Eterno no pesa la devoción en monedas, ni la mide en ritos, ni la cronometra en ayunos. Pesa el corazón. Tu oro es pesado, pero tu intención carga el lastre del ego. Su harina es ligera, pero está impregnada de humildad, trabajo honesto y amor sin condiciones. Quien vive en verdad, sirve al prójimo sin esperar recompensa y recuerda a Dios en lo cotidiano, ese ya camina en la luz.
El mercader guardó silencio. Por primera vez, sintió que sus manos, vacías de orgullo, podían finalmente recibir. Con Amor Jorge y Esperanza de LA CASA DE MERLÍN

El estudiante y la flor de cerezoUn joven monje llegó al templo con gran entusiasmo:—Maestro, he venido a alcanzar la il...
04/05/2026

El estudiante y la flor de cerezo
Un joven monje llegó al templo con gran entusiasmo:
—Maestro, he venido a alcanzar la iluminación. ¿Cuánto tiempo tardaré?
El maestro, podando un cerezo, respondió sin levantar la vista:
—Diez años.
—¡Diez años es mucho! —insistió el estudiante—. ¿Y si practico con el doble de esfuerzo?
—Entonces, veinte años —dijo el maestro, cortando una rama seca.
—¿Cómo? —se desconcertó el joven—. Si me esfuerzo más, ¿tardaré más?
El maestro dejó las tijeras, tomó una flor caída y se la extendió:
—Mira esta flor. ¿Acaso se esfuerza por abrirse? ¿Acaso exige al cielo que llegue la primavera? Simplemente está. Cuando dejes de esperar cuándo o cómo llegará la iluminación, ya estarás en ella.
El estudiante guardó silencio. Por primera vez, no buscó una respuesta. Y en ese silencio, algo en su interior se abrió, como un brote que reconoce su propia estación.

El niño del umbralElián subió las escaleras de su casa de infancia con las llaves en el bolsillo y el corazón en modo au...
30/04/2026

El niño del umbral
Elián subió las escaleras de su casa de infancia con las llaves en el bolsillo y el corazón en modo automático. Treinta y ocho años, una agenda apretada, un silencio interior que ya ni siquiera le hacía ruido. Venía a vaciar el ático, firmar papeles y cerrar otra puerta más. El polvo bailaba en los haces de luz como recuerdos que no sabían dónde posarse.
Al fondo del desván, donde la madera crujía con el peso del tiempo, encontró algo que no recordaba: una puerta baja, del tamaño de un armario infantil, pintada de azul desvaído. La había construido él mismo, a los siete años, con tablas sobrantes y clavos oxidados. La abrió sin saber por qué.
No había cajas ni juguetes. Solo un niño sentado en el suelo, trazando círculos con tiza blanca sobre las tablas. Llevaba una camiseta manchada de pintura y los pies descalzos. No levantó la vista de inmediato.
―Llevas años sin visitarme ―dijo el niño, como quien comenta el clima.
Elián dio un paso atrás. Su reloj marcaba las cuatro. Tenía una llamada en media hora.
―Esto es un recuerdo. Una proyección. Debo irme ―murmuró, más para sí que para el niño.
El pequeño alzó la mirada. Sus ojos no eran infantiles por la edad, sino por la claridad.
―No soy un recuerdo. Soy la parte de ti que aún sabe cómo respirar sin prisa.
Elián sintió un n**o en la garganta. Quiso racionalizarlo, pero el cuerpo ya sabía lo que la mente negaba. Se dejó caer sobre una caja de cartón. El suelo crujió. El niño le ofreció un trozo de tiza.
―Dibuja algo ―pidió.
―No sé. No tengo tiempo para juegos.
―El tiempo no se pierde cuando se escucha el alma. Se gana cuando se deja de huir de uno mismo.
Elián tomó la tiza. Sus dedos, acostumbrados a teclados y contratos, temblaron. Trazó una línea. Luego otra. Sin pensar, dibujó un pájaro. Mal hecho, torcido, pero vivo. El niño sonrió.
―Ese pájaro es el que dejaste de escuchar cuando te dijeron que llorar era de débiles.
Las palabras cayeron como semillas en tierra seca. Elián recordó noches calladas, risas mordidas, promesas de "ser fuerte" que lo habían ido volviendo pesado. Se miró las manos. Habían olvidado cómo sostener sin apretar.
El niño señaló un espejo antiguo apoyado contra la pared. Elián se vio: hombros encorvados, mirada dispersa, un adulto que había sobrevivido a costa de exiliarse.
―¿Por qué te escondiste de mí? ―preguntó el niño, sin reproche, solo con la curiosidad que solo tiene lo puro.
―Pensé que madurar era dejarte atrás ―respondió Elián, y por primera vez en años, su voz sonó rota y verdadera.
El niño se acercó. No necesitó correr. Solo apoyó la frente contra el pecho de Elián. Y entonces, el adulto comprendió: no había venido a rescatarlo. Había venido a recordarle que ya estaba completo.
Se arrodilló. No fue un gesto de derrota, sino de reconocimiento. Abrazó al niño con la torpeza de quien redescubre un idioma olvidado. Las lágrimas no vinieron de la tristeza, sino del alivio de por fin dejar de sostener una máscara que ya pesaba más que el cuerpo.
―Perdóname por dejarte solo ―susurró.
―Nunca me fui ―respondió el niño contra su piel―. Solo esperaba que me miraras con los ojos del corazón.
Cuando Elián alzó la vista, la puerta azul había desaparecido. El ático era solo un ático. Pero él ya no era el mismo. Bajó las escaleras con los hombros más livianos, con la certeza suave de que no tenía que reparar su pasado, solo acompañarlo.
Al día siguiente, no llamó a la inmobiliaria. Compró semillas. Regó la tierra. Volvió a dibujar pájaros torcidos. Aprendió a detenerse cuando la brisa le rozaba la mejilla. Descubrió que la espiritualidad no está en escapar del mundo, sino en habitarlo con la ternura de quien ya no tiene nada que probar.

El niño interior no es una etapa que se supera, sino un lugar sagrado que se visita. No pide perfección, pide presencia libre del Ego. Sanarlo no es borrar el dolor, sino soltarlo cuando duele. La verdadera madurez espiritual no consiste en volverse impenetrable, sino en volvernos permeables al amor propio, al asombro y a la verdad sencilla de que ya somos completos. Cuando abrazas al niño que llevas dentro, no retrocedes: regresas a casa. Y desde ese centro, la vida deja de ser una carrera por convertirse, para volverse un acto de reconocerte. Feliz día del NIño

El arroyo que no se detieneHaru llevaba tres inviernos en el monasterio. Sus rodillas dolían, su respiración era medida,...
30/04/2026

El arroyo que no se detiene
Haru llevaba tres inviernos en el monasterio. Sus rodillas dolían, su respiración era medida, pero su mente seguía siendo un mercado bullicioso. Una tarde, agotado, fue a ver al maestro Kenji.
—Maestro, he leído todos los sutras, he contado cada respiración. ¿Cómo hago para que la mente se calme?
Kenji no respondió. Tomó su bastón de madera y señaló el sendero que bajaba hacia el arroyo. Haru lo siguió en silencio.
Al llegar, el maestro se sentó sobre una piedra lisa. —Observa el agua —dijo.
Haru miró. El arroyo corría entre rocas, arrastrando ramas secas, reflejando el cielo otoñal. A veces se aceleraba, a veces se remansaba, pero nunca se detenía a discutir con su propio curso.
—¿Ves cómo lucha contra las piedras? —preguntó Kenji.
—No, maestro. Las rodea.
—Exacto. Tu mente no es tu enemiga. Los pensamientos no son intrusos; son hojas que el viento trae. Si intentas atraparlas, te hundes. Si las rechazas, te cansas. Solo obsérvalas pasar, como el agua observa las orillas.
Haru respiró. Por primera vez en meses, no buscó el silencio. Solo escuchó el arroyo. Y en ese instante, la bulla interior no desapareció… pero ya no lo arrastraba.
Cuando volvió al zendo, su cojín no había cambiado. Pero él sí. Porque entendió que la paz no se alcanza silenciando la mente, sino dejando de pelear con ella.

La Historia del fuego - Cuento de Idries Shah -Había una vez un hombre que estaba contemplando las formas de operar de l...
22/04/2026

La Historia del fuego - Cuento de Idries Shah -
Había una vez un hombre que estaba contemplando las formas de operar de la Naturaleza, y que descubrió, como consecuencia de su concentración y aplicación, la manera de hacer fuego.
Este hombre se llamaba Nour. Decidió viajar de una comunidad a otra, mostrando a la gente su descubrimiento. Nour transmitió el secreto a muchos grupos de gentes. Algunos sacaron ventaja de este conocimiento. Otros, considerándolo peligroso, lo echaron antes de tomarse el tiempo para entender cuan valioso les podía ser este descubrimiento.
Finalmente, una tribu ante la cual realizo una demostración, reacciono con tan sorprendente pánico, que se abalanzaron sobre el y lo mataron, convencidos de que era un demonio.
Pasaron cientos de años. La primera tribu, que había aprendido el secreto del fuego, lo reservo para sus sacerdotes, quienes permanecieron influyentes y poderosos, mientras la gente se congelaba por el frío.
La segunda tribu olvido el arte, adorando en cambio los instrumentos.
La tercera, adoro una imagen de Nour, porque fue el quien les había enseñado.
La cuarta conservo en sus leyendas la historia de como hacer fuego: algunos las creían, otros no.
La quinta comunidad realmente hizo uso del fuego, y esto hizo posible que ellos se calentaran, que cocinaran sus alimentos y que manufacturaran toda clase de artículos útiles.
Después de muchísimos años, un hombre sabio y un pequeño grupo de discípulos viajaban a través de los territorios de estas tribus. Los discípulos estaban asombrados ante la variedad de rituales que encontraron, y cada uno dijo a su maestro: «Pero todos estos conocimientos están, de hecho, relacionados con hacer el fuego, y nada mas. ¡Deberíamos reformar a estas gentes!» El maestro dijo: «Muy bien, entonces. Recomenzaremos nuestra travesía. Al final de ella, aquellos que sobrevivan conocerán los problemas reales y como aproximarse a ellos.»
Cuando llegaron a la primera tribu, el grupo fue recibido hospitalariamente. Los sacerdotes invitaron a los viajeros a asistir a su ceremonia religiosa de hacer fuego. Cuando hubo terminado y hallándose la tribu en estado de excitación a causa del hecho que habían presenciado, el maestro dijo: «¡Alguien desea hablar?»
El primer discípulo dijo: «Por causa de la Verdad me siento impulsado a decir algo a esta gente.» «Si tu deseas hacerlo por tu cuenta y riesgo, puedes hacerlo», le dijo el maestro. Entonces el discípulo se adelanto hacia el jefe tribal y sus sacerdotes y dijo: «Yo puedo realizar el milagro que vosotros interpretáis como una especial manifestación de la deidad. Si hago tal cosa, ¿aceptáis haber estado en un error por tantos años?»
Pero los sacerdotes gritaron: «Prendedlo.» El hombre fue llevado fuera y nunca se le volvió a ver. Los viajeros fueron al próximo territorio, donde la segunda tribu estaba adorando los instrumentos para hacer fuego. Nuevamente un discípulo se ofreció para intentar hacer entrar en razón a la comunidad.
Con la autorización del maestro, dijo: «Pido permiso para hablaros como a personas razonables. Vosotros estáis adorando los medios por los que algo puede ser hecho, ni siquiera la cosa en si. De este modo impedís que su utilidad entre en acción. Yo conozco la realidad que yace detrás de esta ceremonia.»
Esta tribu estaba compuesta por gente mas razonable. Pero dijeron al discípulo: «Tu eres bienvenido a nuestro medio como viajero y extranjero. Pero como tal, ajeno a nuestra historia y costumbres, no puedes entender lo que estamos haciendo. Cometes un error. Incluso es posible que estés tratando de hacer desaparecer o alterar nuestra religión. Por eso nos negamos a escucharte.»
Los viajeros continuaron su travesía. Al arribar al territorio de la tercera tribu, encontraron delante de cada morada un ídolo que representaba a Nour, el autor del fuego. El tercer discípulo, dirigiéndose a los jefes de la tribu, dijo: «Este ídolo representa a un hombre, el cual simboliza una capacidad que puede ser utilizada.»
«Puede que sea así, pero el penetrar en el real secreto es solo para pocos», respondieron los adoradores de Nour. «Es solo para los pocos que pueden comprenderlo, y no para aquellos que rehúsan enfrentarse con ciertos hechos», dijo el tercer discípulo.
«Esta es una insigne herejía, y de un hombre que ni siquiera habla nuestra lengua correctamente, y que no es un sacerdote ordenado en nuestra fe», murmuraron los sacerdotes. Y no logro progreso alguno. El grupo continuó su jornada y arribo a las tierras de la cuarta tribu. Entonces, un cuarto discípulo se adelanto en la asamblea tribal. «La historia de hacer fuego es verdadera, y se como puede ser hecho», dijo.
La confusión cundió en la tribu, que se dividió en varias fracciones. Algunos dijeron: «Esto puede ser verdad, y de ser así, queremos saber como se hacer fuego». No obstante, cuando esta gente fue examinada por el maestro y sus seguidores, estos comprobaron que la mayoría estaba ansiosa por hacer uso de la habilidad de hacer fuego para provecho personal, sin comprender que era algo para el progreso humano. Las distorsionadas leyendas que habían penetrado tan profundamente en le mente de la mayoría de ellos, hacían que los que pensaban que podrían representar la verdad eran frecuentes desequilibrados, y no podrían hacer fuego aun si se les hubiese enseñado.
Había otra fracción que dijo: «Por supuesto que las leyendas no son ciertas. Este hombre solo esta tratando de engañarnos a fin de tener un lugar de privilegio entre nosotros.» Y una tercera fracción dijo: «Preferimos las leyendas como están, pues ellas son la verdadera argamasa de nuestra cohesión. Si las abandonamos, y descubrimos que esta nueva interpretación es útil, ¿que será entonces de nuestra comunidad?» Y, además, hubo otros puntos de vista. Así, el grupo continuó su camino hasta que llego a las tierras de la quinta comunidad, donde hacer fuego era usual, y donde la gente tenia otras preocupaciones.
El maestro les dijo a sus discípulos: «Vosotros debéis aprender como enseñar, pues el hombre no quiere ser enseñado. Antes que nada, debéis enseñar a la gente como aprender. Y antes que eso, deberéis enseñarles que hay todavía algo que aprender. Ellos imaginan estar en condiciones de aprender. Pero quieren aprender aquello que imaginan debe ser aprendido, y no lo que deben aprender primero. Cuando hayáis aprendido todo esto, podréis entonces idear la manera de enseñar. Conocimiento sin especial capacidad para enseñar, no es la misma cosa que conocimiento y capacidad.»
[ Cuento de Idries Shah

Buda y la pr******ta   » Una pr******ta se había enamorado de Buda. Un día, fue al monasterio, atravesó la gran sala don...
10/04/2026

Buda y la pr******ta » Una pr******ta se había enamorado de Buda. Un día, fue al monasterio, atravesó la gran sala donde los monjes estaban meditando y se desnudó delante de él, exponiéndose a su mirada y a la de todos los monjes allí presentes.-¿Me deseas? –preguntó él.La mujer asintió. Buda la tomó entonces por el talle y se la llevó hacia la orilla de un lago situado en las proximidades del monasterio. Una vez allí, con gesto vivo, la empujó dentro del agua helada. Los ardores amorosos de la pr******ta se esfumaron en el acto. Buda le tendió una mano firme y ayudándola a volver a la orilla, le dijo: ¡Y ahora, vayamos a meditar juntos.Buda le hace entender a la pr******ta que si quiere relacionarse con él, solo puede ser en el nivel espiritual. No rechaza a la mujer (y su deseo).

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