27/06/2026
Desde que se presentó el lamentable doblete sísmico en Venezuela, hace unos días, veo algo curioso.
Nadie lo dice abiertamente, pero pareciera que aquí en Mexicali, donde vivimos, muchos traemos el mismo pensamiento dando vueltas, teniendo presente que estamos sobre la falla de San Andres y que en el 2010 vivimos uno de 7.2
Vemos las noticias, seguimos con nuestra rutina, vamos a trabajar, hacemos las compras, platicamos de cualquier cosa… pero, en algún rincón de la cabeza, aparece una pregunta que preferimos no terminar.
“¿Y si llega a pasar aquí?”
No creo que sea exageración, pero tampoco creo que sea falta de fortaleza. Sobre todo cuando alguna vez has vivido un sismo fuerte, o sabes que tu ciudad está en una zona de riesgo, es normal que el cerebro se mantenga un poco más atento. A veces esa atención se nota y otras veces se escond.
Y quizá por eso pareciera que todos pensamos lo mismo, pero nadie quiere ser el primero en decirlo.
Si últimamente has sentido esa inquietud, quiero decirte algo: no eres el único. Desde la psicología, esa sensación suele entenderse como una ansiedad anticipatoria que se mezcla con una especie de hipervigilancia colectiva. Dicho de otra forma: nuestro cerebro intenta mantenerse alerta ante algo que sabe que es posible, aunque no esté ocurriendo en este momento. Probablemente la persona que está formada detrás de ti en el super, quien está en el carro al lado en un semáforo o incluso algún vecino que apenas saludas, también ha sentido ese pensamiento cruzarle por la cabeza…
Y si alguien de Venezuela, o de cualquier otro lugar que hoy esté viviendo el dolor de un terremoto, llega a leer estas palabras, quiero enviarle un abrazo, que les recuerde que hay personas pensando en ustedes. Ojalá encuentren fuerza para atravesar estos días y, poco a poco, volver a reconstruir tanto sus hogares, como también esa sensación de seguridad que un día parecía tan cotidiana.
A quienes vivimos en zonas sísmicas, quizá nunca podamos controlar cuándo volverá a temblar. Pero sí podemos decidir cómo vivir mientras ese día no llega.
Podemos prepararnos sin dejar que el miedo nos robe la calma. Podemos abrazar más fuerte a quienes queremos, decir las palabras que a veces dejamos para después, hacer planes, reír, seguir construyendo proyectos y recordar que la incertidumbre forma parte de la vida. Tener un plan familiar, conocer las medidas de protección y saber qué hacer en caso de un sismo nos da una sensación de control sobre aquello que sí depende de nosotros. Lo demás… toca aprender a soltarlo poco a poco.
Al final del día podemos elegir seguir viviendo con amor, con prudencia y con la confianza de que, pase lo que pase, los seres humanos tenemos una capacidad inmensa para levantarnos, ayudarnos unos a otros y volver a empezar.