17/12/2025
En esta celebración de Yule, no pedi nada, me senté a escuchar. Recordé todo lo que el cuerpo sabe antes que la mente e incluso que los sueños saben aún más...
El cuerpo y los sueños saben de eso que se está ordenado, como si mi alma estuviera encontrando mi columna vertebral, como cuando enciendes una antorcha en la oscuridad. El sonido de los cuencos, siempre me llevan a ese lugar: antiguo y mio, son aire que abren espacios invisibles, aire que acomoda lo viejo en su lugar correcto. Los cuencos cantan cuando yo no tengo palabras.
En la quietud y el silencio, hubo un atardecer que me recordó la promesa de la luz, aunque primero tenga que volver a verme en las sombras e integrarme. Es ahí en dónde mi voz se vuelve oración para honrar mi cuerpo y su sabiduría, para sostener el cuidado profundo del lobo que me habita...
Así fue estar cerca de Yule: un pacto con la quietud, un acto de amor propio.