24/05/2026
Cuando me lesioné, no solo sentí que mi cuerpo dejó de responder. También apareció una sensación difícil de explicar: dejar de reconocerme en aquello que durante mucho tiempo me hizo sentir fuerte, capaz y segura de mí misma. Hay algo profundamente doloroso en descubrir que el cuerpo ya no puede hacer aquello que antes salía de manera natural, porque entonces la lesión deja de ser únicamente física y toca lugares mucho más íntimos: la identidad, la exigencia, la frustración y el miedo de sentirse distante de uno mismo. La lesión no solo duele por lo que limita físicamente, sino porque confronta la imagen que construimos de quienes somos.