24/07/2026
El dinero pasa por la historia de quien lo sostiene.
Por eso no siempre pesa lo mismo.
Antes de convertirse en un número, una cuenta o un salario, ya había recorrido otros caminos.
Hay manos que lo aprietan con fuerza por miedo a volver a quedarse sin nada.
Hay manos que lo dejan ir con facilidad, como si no pudieran permitirse conservarlo.
Hay quienes trabajan sin descanso buscando una cifra que, en realidad, intenta responder a una pregunta mucho más antigua: ¿soy suficiente?
Y hay quienes no consiguen cobrar por aquello que hacen, porque en algún rincón de su historia aprendieron que cuidar, dar o amar no debía tener precio.
A veces creemos que nuestra relación con el dinero habla de números.
Pero, en ocasiones, también habla de la infancia.
De las pérdidas.
De las carencias.
De aquello que hubo que merecer.
De lo que se recibió... o de lo que nunca llegó.
Porque el dinero cambia de manos.
Pero nunca llega vacío.
Llega acompañado de recuerdos, mandatos, culpas, deseos, miedos y esperanzas que rara vez aparecen en un estado de cuenta.
Quizá por eso hay deudas que no son económicas.
Son afectivas.
Y entonces la pregunta deja de ser cuánto dinero pasa por tus manos...
Y se convierte en otra:
¿Qué parte de tu historia pasa con él?