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19/08/2026

Cuando la extrema derecha dice que va a “proteger a la familia”, conviene preguntar: ¿a cuál?

👉🏼 Su familia ideal es heterosexual, de clase alta, patriarcal y obediente: un hombre proveedor, una mujer dedicada gratuitamente al hogar y a los cuidados, hijas e hijos sometidos a roles rígidos y, preferiblemente, una misma religión y forma de vivir.

🤷🏽‍♀️👉🏼 Fuera quedan las madres solas, las familias diversas, reconstituidas, extensas, adoptivas, pobres, migrantes y aquellas que no tienen hijos.

☠️👔👉🏼 Ese modelo no solo es una trampa para las mujeres, a los hombres los cría con la idea de que no valen si no pueden ser proveedores, les exige mantener por sí solos un hogar, incluso cuando trabajan jornadas agotadoras por salarios que no alcanzan y que nunca alcanzarán para sostener el ideal. Y si no pueden hacerlo, los llaman débiles o fracasados. Al mismo tiempo, quienes defienden ese mandato votan para perder salarios dignos, derechos laborales, vivienda accesible, servicios públicos y sistemas de cuidados. Todo muy conveniente para mantenerlos sometidos a la frustración mientras las élites se hacen más adineradas.

⚠️👉🏼 Eso no protege a las familias: las explota.

Convierte el trabajo gratuito de las mujeres en obligación moral, la precariedad de los hombres en una prueba de masculinidad y la obediencia de niñas y niños en “valores”.

💡👉🏼 Una política que obliga a trabajar hasta el agotamiento y aun así no permite llegar a fin de mes NO defiende a la familia. Solo utiliza su nombre para conservar privilegios, imponer jerarquías y trasladar a cada hogar responsabilidades que también corresponden al Estado.

No quieren familias protegidas. Quieren personas cansadas, obedientes y convencidas de que su explotación es un deber familiar.

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26/07/2026
25/07/2026
25/07/2026

Desde que conocí el caso del docente de la CDMX que se suicidó ante una denuncia de acoso sexual, no he dejado de darle vueltas. Más allá del caso en sí, me preocupa la forma en que estamos construyendo la conversación pública. Por ello comparto esta reflexión personal construida desde una perspectiva de derechos humanos y feminista:

El suicidio de una persona siempre es una tragedia. Nos obliga a hablar con seriedad sobre salud mental, redes de apoyo y las respuestas institucionales frente a las crisis. Pero también exige no perder de vista aquello que el dolor no puede borrar.

Desde una perspectiva de derechos humanos, una muerte no convierte una denuncia en falsa, como tampoco una denuncia convierte automáticamente a alguien en culpable. Lo que sigue siendo indispensable es una investigación con debida diligencia, debido proceso, presunción de inocencia y protección para quien denuncia.

Sin embargo, el debate público parece desplazarse siempre hacia el mismo lugar: la violencia sexual deja de ser el centro de la conversación y la mirada se dirige a quien denunció. Ese giro no es casual. Responde a una lógica patriarcal que históricamente ha responsabilizado a las mujeres de las acciones y decisiones de los hombres.

Cuando el suicidio se utiliza para desacreditar una denuncia o para insinuar que la denunciante "provocó" lo ocurrido, no solo se revictimiza a esa mujer; también se envía un mensaje disciplinador a todas las demás: denunciar puede convertirte en la culpable social de una tragedia que no provocaste.

No se trata de elegir entre la salud mental y el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia. Ambos son derechos humanos. El problema no es que las mujeres denuncien, sino que las instituciones sigan fallando para investigar con justicia, proteger a las víctimas, garantizar el debido proceso y atender oportunamente la salud mental.

Porque las mujeres no somos responsables de la violencia que denunciamos. Tampoco somos responsables de las decisiones que otras personas toman frente a esa denuncia. Insinuarlo es otra forma de violencia patriarcal.

El suicidio merece duelo. La denuncia merece justicia. Ninguna tragedia debe convertirse en la excusa para volver a callar a las mujeres.

Texto: FlorCary VM

13/07/2026

Ay, no aguantas nada, era solo una broma”.
Cuántas veces hemos escuchado esa frase para justificar comentarios pasivo-agresivos sobre nuestro cuerpo, nuestra pareja, nuestra ropa o nuestra familia.
Desde la psicología informada en trauma, necesitamos dejar de normalizar esto: reírte de un comentario que te duele o te incomoda no es tener “buen sentido del humor”. Muchas veces, es una respuesta biológica de complacencia.
Tu sistema nervioso, al detectar la agresión en el comentario, decide que es más seguro sonreír y evitar el conflicto que confrontar a la persona. Tu cerebro prefiere tragar la incomodidad para mantener la paz externa, pero el costo biológico de esa acción te lo quedas tú.
Obligarte a tolerar faltas de respeto disfrazadas de humor le envía un mensaje a tu biología de que tus emociones no importan y de que tu entorno no es seguro.
Hoy quiero recordarte esto:
Tu paz no es negociable: No le debes una sonrisa a quien decide vulnerar tus límites.
Devuelve la incomodidad: No tienes que pelear. A veces, simplemente no reírte, sostener la mirada y dejar que el silencio inunde la habitación es el límite más poderoso que puedes poner.
No eres “demasiado sensible”: Sentir enojo frente a una microagresión es tu cuerpo protegiéndote y diciéndote que mereces respeto absoluto.
Si alguien necesita menospreciarte para hacerse el gracioso, el problema es su falta de recursos emocionales, no tu falta de humor. Tienes todo el permiso de dejar de ser complaciente y empezar a ser tu propio lugar seguro. 🫂✨

12/07/2026

Un día a la vez ✨️

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