15/05/2026
La Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), también conocida en Estados Unidos como la enfermedad de Lou Gehrig, es un trastorno neurodegenerativo progresivo y fatal. Esta enfermedad afecta directamente a las neuronas motoras del cerebro y la médula espinal, lo que provoca una debilidad muscular progresiva.
Por lo general, la enfermedad no causa dolor en sus inicios. Comienza con una debilidad sutil en una zona específica del cuerpo. Algunos de los primeros signos incluyen el "pie caído", dificultad para usar las manos (como al manipular llaves o cubiertos), o problemas para hablar y tragar. Con el paso del tiempo (meses o años), esta debilidad se extiende al resto del cuerpo.
El riesgo de desarrollar ELA aumenta después de los 40 años, con un pico de aparición entre los 55 y 75 años. Aproximadamente el 85% de los casos son esporádicos (sin factores genéticos o ambientales conocidos), mientras que un 15% tiene antecedentes familiares. Como dato curioso, las personas con experiencia militar presentan tasas más altas de padecer la enfermedad por razones que aún no están claras.
Actualmente no existe una cura para la ELA, y la supervivencia media es de 3 a 5 años después del diagnóstico. Sin embargo, existen tres medicamentos aprobados por la FDA (Riluzol, Edaravona y Tofersen) que pueden ralentizar modestamente la progresión de la enfermedad.
Dado que no hay cura, el cuidado se centra en manejar los síntomas y mantener la calidad de vida. Es fundamental contar con un equipo médico multidisciplinario experto (que incluya neurólogos, terapeutas físicos y ocupacionales, logopedas, nutricionistas y trabajadores sociales), ya que se ha demostrado que este enfoque mejora la supervivencia.