Gestalt Armida

Gestalt Armida Psicoterapeuta Humanista Gestalt. Especialista en:
Terapia Familiar, Individual, Adolescentes, Pareja, Sexualidad, Autolesión. Escuela para Padres.

03/09/2026

En terapia existe una diferencia fundamental entre sufrir y estar dispuesto a transformar aquello que produce sufrimiento. No toda persona que llega a consulta está preparada para hacerse responsable de sí misma. Algunas buscan alivio, validación o confirmar que los demás son culpables de su malestar. Sin embargo, asumir la propia participación en la manera como vivimos puede resultar profundamente incómodo.

Como plantea Paco Peñarrubia:

"En lo que se refiere a la irresponsabilidad, hay pacientes que, definitivamente, no quieren hacerse cargo de sí. Por supuesto que es duro para todos reconocer que uno es responsable de su existencia, que tiene la vida que quiere tener, por más que se queje y manipule... pero precisamente esto es parte del trabajo terapéutico, que irá derivando hacia una mayor aceptación, asumiendo, para poder cambiarlo, su ser interno y su estar en el mundo.

Sin embargo me he encontrado con pacientes que «deciden» no crecer, no madurar, no hacerse responsables. Cuando esto ocurre, se convierte en un límite paralizante. Y no es un problema de falta de conciencia, de confrontación o de cualquier otro recurso técnico que le haga ver esta actitud. Parece más bien un asunto de decisión del paciente, que a veces se lo atribuye el terapeuta como deficiencia propia pero que en realidad tiene que ver con la voluntad del paciente."

Esta reflexión nos recuerda que el terapeuta puede acompañar, confrontar, señalar y facilitar el darse cuenta, pero no puede vivir ni decidir por el paciente. Comprender un patrón no significa necesariamente querer cambiarlo. Una persona puede reconocer aquello que hace, entender sus consecuencias y, aun así, continuar repitiéndolo.

La responsabilidad no consiste en culparse por todo, sino en reconocer la propia capacidad de respuesta ante la existencia. Mientras toda la responsabilidad permanezca afuera, como en los padres, la pareja, la infancia o el terapeuta, también permanecerá afuera el poder para transformar la propia vida.

La terapia puede abrir puertas, pero nadie puede atravesarlas por nosotros. Crecer, madurar y hacerse responsable sigue siendo, finalmente, una decisión personal.

02/09/2026

Las expectativas en la relación de pareja suelen provocar todo tipo de problemas. En este artículo aprenderás por qué ocurre y qué puedes hacer.

26/08/2026

Fritz Perls expresaba algo con sencillez: «Yo soy lo que soy, y en este momento no puedo ser diferente de lo que soy». «Nadie puede, en un momento dado, ser distinto de lo que es en ese momento».

Mucho se habla en psicología y psicoterapia de “ser uno mismo”, como si fuera sinónimo de autorrealización, autenticidad o bienestar. Pero poco se habla de cómo serlo y, todavía más importante, de qué significa realmente ser uno mismo. Parece que damos por hecho algo que, en realidad, requiere de todo un proceso de descubrimiento.

Quizás esto tenga más que ver con el artista que con los conceptos y las teorías. La historia nos trae una hermosa metafora "La Piedad de Miguel Ángel". Se dice que, al hablar de su trabajo escultórico, expresó que la escultura ya estaba dentro de la piedra; él tan solo quitó lo que sobraba. La historia de "La Piedad" comienza, precisamente, con un enorme bloque de mármol que otros artistas habían considerado difícil de trabajar. Miguel Ángel no la creó desde la nada. Observó la piedra, sus formas, sus posibilidades y comenzó a retirar, poco a poco, aquello que no era la escultura. Y, ser uno mismo puede parecerse mucho a eso.

No se trata necesariamente de construir una identidad perfecta, ni de convertirnos en alguien diferente. Se trata de reconocer qué hay debajo de tantas capas y de lo que no somos, como expectativas familiares, mandatos, miedos, personajes, necesidades de aprobación, formas aprendidas de relacionarnos y maneras de sobrevivir que tal vez, alguna vez, fueron necesarias.

Tal vez el primer paso para ser uno mismo no sea cambiar, sino dejar de pelear con quien somos ahora. Desde ahí puede comenzar el darse cuenta. Y cuando algo se hace consciente, podemos empezar a retirar lo que sobra, no para fabricar una nueva versión, sino para permitir que aquello que ya estaba allí pueda finalmente aparecer.

20/08/2026

Muchas de las creencias que organizan nuestra manera de vivir se van formando a partir de experiencias significativas que quedaron inconclusas, especialmente aquellas en las que una necesidad, una emoción o un contacto importante no pudo encontrar una respuesta satisfactoria.

Un niño que necesitó reconocimiento y recibió críticas puede comenzar a organizar su experiencia alrededor de la idea de "no soy suficiente". Quien experimentó abandono puede aprender que "no puedo depender de nadie". Alguien que tuvo que hacerse cargo demasiado pronto quizá construya la convicción de que "debo poder con todo". La experiencia original pertenece al pasado, pero la creencia puede continuar operando en el presente como una forma conocida de interpretar el mundo.

El asunto pendiente no es solamente aquello que ocurrió, sino aquello que no pudo completarse, como una palabra que no se dijo, una necesidad que no fue reconocida, una emoción que tuvo que reprimirse, un límite que no pudo establecerse o un duelo que quedó suspendido. Cuando estas experiencias permanecen abiertas, pueden convertirse en una especie de filtro perceptivo. No vemos únicamente lo que está sucediendo; también interpretamos lo que sucede desde aquello que alguna vez quedó inconcluso.

Así, una persona puede encontrarse repetidamente con situaciones que parecen confirmar sus creencias. Si aprendió que será rechazada, quizá anticipe el rechazo, se retire antes de establecer contacto o tolere relaciones que reproduzcan esa experiencia. La creencia termina funcionando como una forma de organizar el campo y, al mismo tiempo, puede contribuir a mantenerlo.

El trabajo gestáltico busca llevar estas construcciones al darse cuenta. No se trata simplemente de sustituir una creencia "negativa" por otra "positiva", sino de reconocer cómo se formó, qué experiencia intenta proteger, qué necesidad expresa y cómo continúa funcionando aquí y ahora.

Cuando aquello que permanecía pendiente puede ser reconocido y contactado desde el presente, la persona recupera posibilidades. Ya no tiene que vivir exclusivamente desde una conclusión antigua.

11/08/2026

Las reglas orientan. Los juegos provocan. El darse cuenta transforma.

En Las reglas y los juegos de la Terapia Gestalt, Abraham Levitsky y Perls presentan una serie de principios y experimentos destinados a favorecer el darse cuenta, la responsabilidad y el contacto con la experiencia inmediata.

Entre las reglas fundamentales encontramos algunas como:

1. Vive ahora: Presta atención al presente en lugar de perderte constantemente en el pasado o anticipar el futuro.

2. Vive aquí: Relaciona tu experiencia con lo que está ocurriendo en este momento y en este lugar.

3. Deja de imaginar: Diferencia la fantasía de aquello que realmente está sucediendo.

4. Deja de pensar innecesariamente: No conviertas la explicación intelectual en una manera de evitar experimentar.

5. Exprésate: Comunica directamente lo que sientes, piensas o necesitas, en lugar de esconderlo detrás de interpretaciones.

6. Sé responsable de ti mismo: Reconoce que tus palabras, elecciones, emociones y acciones te pertenecen.

7. Utiliza el “yo”: Cambiar “uno piensa”, “la gente hace” o “se siente” por “yo pienso”, “yo hago” o “yo siento” permite apropiarse de la experiencia.

8. Experimenta: En lugar de hablar interminablemente acerca de algo, llévalo al presente y descubre qué ocurre al experimentarlo.

Los juegos y experimentos buscan precisamente convertir estas reglas en experiencia. Aparecen recursos como el diálogo entre partes, el trabajo con polaridades, la exageración de un gesto o movimiento, completar frases, representar una situación, asumir distintos roles y utilizar el diálogo con la silla vacía.

Por ejemplo, alguien puede decir: “No puedo enojarme con mi padre”. En lugar de analizar durante toda la sesión por qué ocurre esto, el terapeuta puede proponer: “Díselo ahora. Imagina que está sentado frente a ti”. De repente, aquello que era una explicación se convierte en una experiencia presente.

Ese es el espíritu de los juegos gestálticos: hacer visible lo que permanece oculto, traerlo al aquí y ahora y permitir que la persona descubra por sí misma qué está haciendo, sintiendo, evitando o necesitando.

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