29/08/2026
El duelo.
Como médicos veterinarios, enfrentamos con frecuencia el duelo de los propietarios, quizá más que muchos otros profesionales. La muerte de un animal implica perder una fuente de amor, un ser vivo al que se cuidaba y un vínculo cotidiano con el mundo natural.
Aunque el duelo por un animal puede sentirse tan profundo como el duelo por una persona, la sociedad rara vez ofrece la misma empatía. Esa falta de reconocimiento también alcanza al médico veterinario, quien debe acompañar al tutor mientras procesa la pérdida de un paciente, muchas veces conocido y querido.
Esta situación, aunque común en la práctica clínica, no siempre se vive con comodidad ni preparación suficiente. Aun así, la atravesamos recurriendo a nuestra humanidad, a la experiencia acumulada y al aprendizaje compartido a lo largo del trayecto profesional.
El duelo es una respuesta humana ante una enfermedad terminal, la pérdida de una relación cercana o la muerte de un ser querido, ya sea humano o animal. Sus etapas se observan en personas de distintos contextos y culturas, aunque cada individuo las experimenta de forma distinta.
Elisabeth Kübler-Ross propuso cinco etapas del duelo en su libro Sobre la muerte y el morir, publicado en 1969; Negación, Ira., Negociación, Depresión y Aceptación.
Estas etapas no siempre aparecen en un orden fijo ni con la misma intensidad. En la práctica veterinaria, solemos presenciar con mayor frecuencia la negación y la ira; en ocasiones, esas emociones se dirigen hacia el equipo clínico, incluso cuando actúa con buena intención.
El rol del médico veterinario ante el duelo
Ante esta realidad surgen dos preguntas centrales: cuál debe ser nuestro papel y cómo podemos manejar el estrés emocional y mental asociado a estos momentos. Algunos establecimientos veterinarios grandes cuentan con consejeros de duelo para acompañar a los propietarios durante la pérdida. Otras ofrecen folletos, líneas telefónicas o grupos de apoyo especializados en pérdida del compañero animal.
Sin embargo, la intensidad y la variabilidad de las emociones asociadas al duelo suelen colocar al veterinario como consejero de primera línea. Muchos médicos veterinarios asumen ese rol como parte del trabajo, aunque no siempre cuenten con formación específica para hacerlo.
Nuestro papel puede adoptar distintas formas, según los recursos disponibles, la preparación personal y los límites emocionales de cada profesional. En muchos casos, implica escuchar con respeto, validar la pérdida y orientar al dueño hacia opciones de apoyo cuando resulte necesario.
El impacto emocional en el equipo veterinario
La forma en que afrontamos este estrés requiere mayor atención por parte de toda la profesión. No muchos establecimientos veterinarios cuentan con apoyo psicológico para el personal veterinario expuesto de manera constante al duelo de los tutores, un duelo con el que a menudo podemos identificarnos profundamente.
Con frecuencia, cada profesional intenta comprender por sí mismo cómo enfrentar este desafío y cómo conservar la fortaleza emocional y mental necesaria para sostener una vida saludable y una carrera plena.
Afortunadamente, la profesión veterinaria reconoce cada vez más la necesidad de apoyar la salud mental de quienes la ejercen. No obstante, no deberíamos esperar a estar agotados para buscar ayuda. La capacidad para acompañar el duelo de los propietarios, con mayor o menor éxito, también influye en nuestra propia necesidad de apoyo.
La preparación puede ser una herramienta preventiva. La educación sobre duelo, comunicación compasiva y autocuidado permite afrontar mejor estos encuentros y reducir su impacto acumulativo. Existen recursos formativos, como cursos de certificación en recuperación del duelo por pérdida del animal de compañía, que pueden ofrecer herramientas útiles para la práctica clínica.
Como médicos veterinarios, enfrentamos numerosos retos que afectan nuestro bienestar mental y emocional. Abordarlos todos al mismo tiempo puede resultar abrumador; tratarlos de forma individual los vuelve más manejables. Comprender cómo acompañamos el duelo en nuestro trabajo es un paso fundamental. Si creemos que la prevención es mejor que la cura para nuestros pacientes, también debemos aplicar ese principio a nuestra propia salud emocional. El duelo cotidiano en la práctica veterinaria ya no debe permanecer como un secreto silencioso.
González CMA.