15/04/2026
No es que tengas “demasiada energía masculina”.
Ni tampoco que quieras ser “el hombre de la relación”.
A veces lo que ocurre es algo mucho más profundo.
La energía masculina no es algo negativo.
Es: dirección, acción, decisión, fuerza para avanzar en la vida.
La energía femenina, en cambio, es recibir, contener, sutilidad, sentir, nutrir, dar calor y presencia.
Ambas viven dentro de nosotros, son necesarias.
El problema surge cuando una mujer siente que no puede descansar en su energía femenina, cuando siente que tiene que tomar más acción, mas dinamismo, porque siente que el mundo en el que está colapsa.
Y entonces empieza a hacerlo todo sola:
Resolver. Buscar. Sostener. Protegerse. Controlar.
No porque quiera…
sino porque en algún momento de su historia aprendió que no era seguro confiarse a que habrá alguien que le de ese lado de la vida, porque siente que está sola o porque cree que si no lo hace ella, su mundo colapsará o sus seres queridos sufrirán.
Tal vez tuvo que madurar demasiado pronto.
Tal vez tuvo que hacerse fuerte para sobrevivir emocionalmente.
Tal vez vio a su madre hacerlo todo sola.
O tal vez sintió que, si ella no se hacía cargo, nadie lo haría. Tal vez fue aquella que vio caos en su casa y fue a la que le encargaron o tomó la decisión de hacer las cosas, el quehacer, porque aquella persona en quien confió de pequeña o de joven (alguna pareja) "la dejó sola"
Entonces su energía masculina se activa como una forma de protección.
Pero con el tiempo eso puede volverse cansado… porque el alma femenina también necesita descansar, confiar, ser sostenida, sentirse frágil de vez en cuando.
Equilibrar la energía femenina y masculina no significa volverte más dócil, más callada o menos fuerte, mucho menos esperar que alguien te resuelva la vida o creer en los cuentos e historias de hadas. No significa dejar de ser decidida.
Significa saberse fuerte, capaz, creativa, resolutiva, pero también permitirte ser vulnerable con las personas CORRECTAS.
Poder actuar cuando es necesario…
y también darse la oportunidad de poder recibir, saberse MERECEDORA de recibir.
Poder sostener la vida… y permitir que alguien te sostenga, sin miedo.
Cuando una mujer sana, esta parte dentro de sí, descubre que no tiene que elegir entre ser fuerte o ser femenina.
Puede ser ambas cosas.