06/05/2026
La Fibromialgia no aparece de la nada, ni tiene una sola causa. Es una condición compleja que se construye a partir de múltiples factores que interactúan entre sí, muchas veces de forma silenciosa e invisible para los demás, pero profundamente real para quien la vivimos.
En su origen, podemos entender tres grandes pilares. El primero es la predisposición genética y hereditaria. Algunas personas nacen con una mayor sensibilidad del sistema nervioso; no significa que inevitablemente desarrollarán fibromialgia, pero sí que su cuerpo puede ser más vulnerable. De hecho, tener familiares cercanos con esta condición aumenta considerablemente la probabilidad de presentarla.
El segundo pilar está relacionado con el estrés prolongado y traumas psicoemocionales. Experiencias como abuso, accidentes o eventos altamente estresantes pueden actuar como detonantes. No se trata solo de lo que ocurrió, sino de cómo el cuerpo lo procesó y lo sigue sosteniendo. El sistema nervioso, al sentirse constantemente en alerta, puede quedarse “encendido”, amplificando las señales de dolor.
El tercer pilar incluye los factores ambientales e infecciones. Procesos como infecciones virales (por ejemplo, el COVID prolongado, tratamientos agresivos como químicos o radioterapias o cirugías muy invasivas), desequilibrios en la microbiota o la exposición a ciertos agentes pueden influir en la activación de los síntomas. Aquí el cuerpo también intenta adaptarse, pero en ese intento puede desregularse.
Todo esto converge en lo que se conoce como sensibilización central: el sistema nervioso comienza a amplificar los estímulos, percibiendo como dolorosas sensaciones que normalmente no lo serían. Es como si el “volumen” del dolor estuviera demasiado alto.
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