15/08/2026
Una práctica tan sencilla como pedir permiso antes de entrar a un espacio natural, o dejar pequeñas ofrendas cuando llegamos, son símbolos.
Símbolos de cambios que vamos haciendo internamente que rompen con la narrativa que aprendimos de que el humano está por encima de la Naturaleza.
De que podemos entrar a cualquier espacio y hacer lo que queramos, porque somos la especie más inteligente/consciente/espiritualmente avanzada, o lo que sea que nos hayan enseñado cuya raiz nos dice: "eres superior al resto de los seres y elementos que te rodean".
Y aunque creamos no tener esas ideas internalizadas, claro que las tenemos. Desde el lenguaje que hablamos esas ideas ya están en nuestras cabezas.
Lo que no nos damos cuenta, es el doble dilo de esas creencias: si nos creemos superiores, también nos creemos separadxs. Y la creencia, - el mito de la separación-, es lo que nos está llevando a este cúmulo de crisis ecológicas pero también crisis mentales y espirituales.
Porque no es real. No estamos separadxs. Lo que hacemos afuera, nos lo hacemos a nosotrxs mismxs.
Y también, por eso se siente tan bonito dejar ofrendas y pedir permiso: porque esa forma de tratar al mundo en el que vivimos - con amabilidad y ternura-, nos enseña que así nos podemos tratar unos a otros, y también, a unx mismx.