24/02/2026
Punch y el abrazo de algodón
En lo más alto de un árbol grande y frondoso nació Punch, un monito de ojos brillantes y corazón sensible. Pero desde sus primeros días, su mamá estaba distante. No lo abrazaba como a los otros monitos y casi no lo miraba. Punch no entendía por qué. Solo sabía que su pecho se sentía frío, como si le faltara algo.
Una tarde, mientras exploraba el suelo del bosque, encontró un pequeño peluche de mono, suave y color naranja. Tenía una sonrisa cosida y brazos abiertos. Punch lo tomó con curiosidad… y cuando lo abrazó, sintió algo tibio por dentro.
—Te llamaré Mimo —susurró.
Desde ese día, Mimo iba a todas partes con él. Cuando Punch se sentía triste, lo apretaba fuerte. Cuando veía a otros monitos jugar con sus mamás, abrazaba a Mimo y respiraba profundo. Poco a poco, el dolor no desapareció, pero se hizo más pequeño.
Un viejo tucán que lo observaba le dijo un día:
—A veces, pequeño, el amor no viene de quien esperamos… pero siempre encuentra un camino.
Punch creció aprendiendo a trepar, a buscar frutas y a jugar. Y aunque su mamá nunca cambió, él sí lo hizo. Descubrió que dentro de su corazón había una fuerza enorme, y que Mimo no era solo un reemplazo… era un recordatorio de que él merecía amor.
Con el tiempo, Punch empezó a compartir abrazos con otros monitos que también se sentían solos. Y cada vez que alguien necesitaba consuelo, él prestaba a Mimo por un ratito.
Porque Punch entendió algo muy importante:
no siempre podemos cambiar lo que duele,
pero sí podemos encontrar algo —o alguien— que nos sostenga.
Y así, entre ramas y abrazos de algodón, Punch dejó de sentirse rechazado… y comenzó a sentirse valiente. 💛