08/10/2026
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"Tomar las monedas no es un acto ideológico, algo que uno pueda decidir que ocurra. Es el resultado de un profundo proceso emocional, de un proceso corporal y de una actitud. Este proceso exige mucho del cuerpo y de los sentimientos. Obliga a visitar y bucear en este cuerpo histórico donde se alojan los buenos sentimientos y también aquellos que llegan a ser amenazantes para nosotros, hasta lograr hacerles espacio, permitir que circulen, que se libere el dolor, que se reaprendan recursos, y que el cuerpo recupere su confianza, su gracia y su vitalidad natural. A este cuerpo que vivió tanto, que soportó traumas, heridas y miedos podemos agradecerle su fortaleza y acariciarlo lo suficiente para que palpite de nuevo con la fuerza de la vida y pueda volver a exponerse a tener una relación feliz con los demás.
A veces, durante este proceso, las personas que sufrieron graves abusos y traumas pueden imaginar que toman en brazos al niño que fueron y le recuerdan su inocencia; decirle, por ejemplo: «Sé que sufriste mucho con tus padres en ciertos momentos, y con estas raíces tú vas a crecer y con estas cicatrices tú vas a ser grande también. De manera que ahora te tomo en brazos y seguimos nuestro camino. Al final todo ha salido bien. Respecto a lo que fue doloroso con los padres, ellos, como mayores, pueden llevar su culpa y su responsabilidad y tú, como niño, puedes seguir queriéndolos tal y como son, y conservar tu inocencia».
Pueden aprender a no abusar de sus abusos e integrarlos en beneficio de su vida y de la de los demás: una gran realización. Pueden incluso hacerse más sensibles a la ayuda que otras personas pueden necesitar. Pueden renunciar a los beneficios secundarios de mantener una postura de víctima que se siente con el derecho a tener que ser compensada.
Por tanto, el proceso también exige dar el brazo a torcer, renunciar a las posturas manipuladoras y a la falsa fuerza que hemos adoptado cuando construimos una actitud en la vida enraizada en la oposición, en el resentimiento, en el victimismo, etcétera. El hijo también puede aprender a renunciar a su posición de fiscal y juez de sus padres, a sintonizarse con los propósitos misteriosos del vivir, a asentir ante su propio destino, ya que, como dice Cleantes, «los destinos guían a quien los acepta, pero arrastran a quien se les resiste».
En fin, no se trata de convertir el «honrar a nuestros padres» en un movimiento artificial y meramente positivista de vestir los hechos del color que nos convenga. No. Es algo más, algo que requiere un coraje mayor y una actitud emocional transparente, veraz y comprometida. Se trata de amar reconociendo las heridas y permitiendo que nuestros padres lleven la responsabilidad de lo que fue difícil o equivocado, y seguir amándolos con sus errores y su realidad, tal como es y tal como fue. Se trata de aceptarlos con realismo, con respeto y con amor."
Todo el texto ✍️Joan Garriga.📖“Dónde están las monedas”.
Te acompañamos en tu proceso! PsicTC y C. F. Maru Guadarrama📱💚5539572364.