15/10/2015
Un cuento para soltar a los hijos cuando crecen
>El jardín de las rosas negras<
Aquella mujer salió a dar una caminata, quería despejar su mente y sus arremolinadas emociones. De pronto, algo llamó su atención, en medio de un verde matorral, se erguía una rosa.
-¡Una rosa negra! ¡Qué flor más extraña!-
Se acercó a mirarla con detenimiento, su belleza era extraordinaria; después olió su aroma y se sintió un poco mareada y por último quiso tocarla pero como toda rosa, tenía espinas. Sin querer se pinchó el dedo y le salió una gota de sangre. La mujer dio un paso hacia atrás y sintió que se desmayaba.
Cuando despertó estaba en un lugar un tanto surrealista. Vio un gran jardín repleto de rosas negras y atraída como un imán se acercó.
-Bienvenida.- Le dijo una de las rosas.
-¿Rosas parlanchinas? ¡Debo estar soñando!- Exclamó la mujer un tanto confundida.
-Relájate querida, sabemos de tus emociones: de tu tristeza y enojo; de tu impotencia y frustración.-
Ahora sí aquella mujer puso atención.
-Sabemos del duelo que sientes en tu corazón. Cuando los hijos crecen, comienzan a desplegar las alas de la independencia.-
-Eso debería darme gusto ¿no?- Preguntó un tanto ofuscada.
-Sí, en el Mundo de la Razón deberías estar inmensamente feliz de que tus hijos ya casi no te necesiten, pero en este mundo tu dolor tiene un sentido.-
-¿En dónde es que estoy?-
-En el Mundo de los Símbolos y aquí todo tiene un significado profundo. Aquí puedes expresar tus verdaderas emociones sin temor a ser juzgada.-
-¿De verdad?-
-Así es querida, confía en nosotras.-
La mujer comenzó a hablar, quejándose de lo poco que sus hijos adolescentes la tomaban en cuenta. Recordó cuando eran pequeños y cuánto los había cuidado, sus preocupaciones y desvelos; sus temores y aprehensiones. Sus juegos inocentes y sus fiestas de cumpleaños. Habló sin parar hasta desahogar su corazón. Todas las rosas la escucharon con amor y paciencia como si de un consejo de abuelas sabias se tratara. La mujer se sentía contenida, escuchada y comprendida.
-Todas nosotras ya pasamos por lo mismo.- Dijo una que estaba más lejos.
-¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué duele el corazón si crecieron sanos y salvos?- Preguntó la mujer.
-¿En verdad quieres oír la respuesta?-
-Sí.
La más anciana de las rosas contestó:
-Lo que pasa es que ya no eres la protagonista de su vida.-
Cuando la mujer escuchó esto, comenzó a llorar. Ahora sus palabras se ahogaban. Sin darse cuenta, sus lágrimas regaban el jardín de las rosas negras.
Es la ley de la vida. Sólo somos guardianes del alma de nuestros hijos por un tiempo.-
*-Un guardián jamás puede poseer lo que custodia.-**
-Cuando te duela el corazón al verlos tan independientes, recoge tu corazón de madre y guárdalo en una rosa. Ahí estará a salvo. Puedes venir aquí y sembrarla para que se convierta en una de nosotras.-
-Regálate a ti misma el tiempo que ahora te sobra con cariño y dedicación.- Agregó otra.
-Sé creativa. Pinta, canta, baila, escribe, borda, cualquier expresión artística te ayudará a sentirte mucho mejor.-
-Al crear sigues expresando tu esencia femenina.-
Al escuchar el consejo de las rosas negras, la mujer liberaba su carga. Aquellas palabras eran como un verdadero bálsamo.
-Es el Bálsamo de la Aceptación.- Aclaró la rosa más grande.
-Tarda un poco en hacer efecto pero es muy poderoso.-
-Tengo una duda.¿Por qué todas ustedes son negras?- Inquirió la mujer.
-Cuando una madre no suelta a sus hijos cuando ya es tiempo su amor se vuelve oscuro; si recoge su corazón de madre y lo guarda, esa oscuridad queda contenida y ellos están a salvo para seguir madurando. Una madre oscura es destructiva.-
-Nosotras guardamos la oscuridad para que la vida siga fluyendo.-
La mujer se quedó muda ante tal revelación. Necesitaba un poco de tiempo para comprender todo aquello.
-Gracias, pronto volveré.- Dijo a manera de despedida.
Cuando se dio cuenta ya estaba de regreso en casa. ¿Habría sido aquello un sueño?
Se llevó la mano al corazón pero ya no le dolía tanto y al observar su mano notó que uno de sus dedos tenía un poco de sangre seca. La llevó a su pecho y agradeció aquella inesperada visita al Mundo de los Símbolos.
Sin duda alguna, su mirada comenzaría a cambiar.
Pronto, el jardín tendría una rosa más.
Adriana M
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