06/10/2026
Durante unos 21 años, Mary Papanicolaou permitió que su esposo tomara muestras de sus células casi todos los días.
Fueron alrededor de 7.600 pruebas.
Aquella rutina, repetida durante más de dos décadas, terminaría formando parte del camino hacia uno de los métodos de detección de cáncer más importantes de la medicina moderna.
Su esposo era Georgios Papanicolau.
Papanicolaou investigaba los ciclos reproductivos de estos animales cuando descubrió que podía seguir sus cambios hormonales examinando al microscopio células obtenidas de secreciones vaginales. Si las células cambiaban de forma dependiendo del momento del ciclo, pensó, quizá algo parecido podría observarse en seres humanos.
La primera persona que estuvo disponible para comprobarlo vivía con él.
Y durante buena parte de vida llevó en su propio cuerpo una rutina científica extraordinariamente sencilla: dejar unas pocas células sobre un portaobjetos para que su esposo pudiera mirarlas al microscopio.
Lo hizo unas 7.600 veces.
De aquella repetición casi invisible terminó surgiendo una prueba que ayudaría a salvar millones de vidas.