06/06/2026
"¿Tu marido trabaja con una mujer rubia? Ten cuidado porque te lo están sonsacando".
Durante esta semana coincidió que varios pacientes me preguntaron sobre temas relacionados con la parapsicología, la brujería, los amarres, los hechizos y otras explicaciones similares. Las preguntas aparecían una y otra vez bajo distintas formas: ¿Me hicieron un trabajo?, ¿Alguien me tiene bloqueado?, ¿Por eso no funciona mi relación?, ¿Por eso no consigo empleo?, ¿Por eso todo me sale mal?
Desde la psicología, la respuesta suele ser bastante clara. La ciencia trabaja con fenómenos que pueden observarse, medirse, estudiarse y, en cierta medida, comprobarse. Los amarres, los hechizos o las influencias sobrenaturales no forman parte del conocimiento científico porque no existen evidencias suficientes que permitan estudiarlos bajo esos criterios. Esto no significa que una persona no pueda creer en ellos. Las creencias pertenecen a otro ámbito. Se cree o no se cree. De la misma manera que algunas personas creen en Dios, en la suerte, en los horóscopos o en determinados rituales, otras no lo hacen.
Sin embargo, más allá de discutir si estas prácticas existen o no, hay algo que resulta particularmente interesante desde el punto de vista psicológico. Con frecuencia, las explicaciones mágicas aparecen en momentos donde asumir la propia responsabilidad resulta doloroso. Es más fácil pensar que una relación terminó por un amarre que reconocer que durante años hubo falta de comunicación, resentimientos acumulados o incompatibilidades que nunca se hablaron. Es más cómodo atribuir el fracaso laboral a una energía negativa que revisar los errores cometidos, las oportunidades desaprovechadas o las habilidades que aún necesitan desarrollarse.
La mente humana necesita encontrar explicaciones para aquello que le duele. Y muchas veces las explicaciones mágicas ofrecen una ventaja inmediata: liberan al sujeto de responsabilidad. Si alguien más hizo un hechizo, entonces la solución depende de romperlo. Si existe una maldición, entonces el problema está afuera. Pero cuando la explicación se encuentra en nuestras decisiones, en nuestros hábitos, en nuestros vínculos o en nuestras omisiones, la situación cambia. Entonces aparece algo mucho más incómodo: la responsabilidad personal.
Desde una perspectiva clínica, muchas de estas explicaciones pueden entenderse como intentos de protegerse del malestar emocional. No necesariamente porque la persona esté mintiendo o inventando una historia, sino porque esa explicación le permite evitar preguntas más difíciles. Es menos angustiante pensar que alguien le hizo daño mediante una fuerza externa que preguntarse por qué eligió repetidamente el mismo tipo de pareja, por qué permanece en relaciones que le hacen sufrir o por qué continúa tomando decisiones que producen resultados similares.
La psicoterapia no trabaja buscando culpables. No se trata de decirle a una persona que todo lo malo que le ocurre es su responsabilidad. La vida está llena de circunstancias que nadie elige. Sin embargo, la psicoterapia sí intenta que el sujeto descubra qué parte de su historia depende de él, qué puede modificar y qué decisiones puede tomar de manera diferente. Allí donde la explicación mágica coloca el problema afuera, la psicoterapia intenta devolverle al sujeto la posibilidad de actuar sobre su propia vida.
Si utilizáramos el modelo de cerebro y mente, podríamos decir que el cerebro busca explicaciones rápidas para reducir la incertidumbre. La idea de un amarre, un hechizo o una energía negativa puede ofrecer una respuesta inmediata al sufrimiento. La mente, en cambio, tiene la capacidad de detenerse, analizar, cuestionar y construir explicaciones más complejas. La explicación mágica suele tranquilizar al cerebro; la reflexión profunda fortalece a la mente.
Quizá por eso la psicoterapia suele ser menos atractiva que las soluciones mágicas. La magia promete cambios externos; la psicoterapia propone transformaciones internas. La magia busca responsables afuera; la psicoterapia pregunta qué participación tiene el propio sujeto en aquello que está viviendo. La magia ofrece alivio inmediato; la psicoterapia propone conciencia.
Y aunque la conciencia suele ser más difícil que la fantasía, también tiene una ventaja importante: permite cambiar aquello que depende de uno mismo. Porque mientras el problema esté enterrado en un panteón, en un amarre o en un hechizo, el sujeto queda esperando que alguien más lo libere. Pero cuando descubre que gran parte de su destino se construye a través de sus decisiones, recupera algo fundamental: la posibilidad de transformar su propia vida.
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Psic. Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo egresado de la UANL
Psicoterapeuta Cédula Profesional 6775187
Doctorante en Salud Mental
Citas al 866 133 3958