Psicólogo en Monclova - Carlos Arturo Moreno De la Rosa

Psicólogo en Monclova - Carlos Arturo Moreno De la Rosa Psicólogo. Egresado de la UANL, con Maestría en Psicoterapia y Doctorante en Salud Mental

12/09/2026
01/09/2026

La importancia de un ambiente sano en los primeros años de vida

Muchas veces, en psicoterapia, cuando exploramos la infancia, el paciente dice: “De mis primeros años no recuerdo nada”. Es completamente comprensible. Durante esa etapa, estructuras como el hipocampo (memoria), fundamentales para construir recuerdos autobiográficos, todavía están madurando.

No recordar no significa no aprender. Desde muy temprano nuestro cerebro registra voces, contacto, seguridad, separación, tensión, afecto o estrés. En ese aprendizaje participa, entre otras estructuras, la amígdala (memoria emocional). Mucho antes de que pudiéramos contar nuestra historia, nuestra historia ya estaba comenzando.

Es por eso que se entiende cuando alguien dice: “No se por qué me angustio tanto cuando alguien se distancia”, “no sé por qué necesito que constantemente me demuestren que me quieren”, “siempre termino relacionándome con personas emocionalmente distantes” o “cuando alguien levanta la voz siento una angustia desproporcionada”.

Tal vez no exista un recuerdo consciente que explique por sí solo esa reacción, pero nuestra historia temprana puede participar en la manera en que aprendimos a experimentar la seguridad, el abandono, el rechazo, el afecto o el peligro.

Un niño pequeño puede aprender cómo se siente vivir entre gritos o tranquilidad, cercanía o distancia, disponibilidad o ausencia. El psicoanalista René Spitz fue uno de los autores que estudió la importancia de los vínculos y de la privación afectiva durante los primeros años de vida. Hoy sabemos que existen formas de memoria y aprendizaje implícitos: podemos no recordar la escena y, sin embargo, haber aprendido algo de ella.

Desde el psicoanálisis se dice que muchas veces repetimos aquello que nos resulta familiar, no necesariamente porque sea bueno, sino porque es conocido (el inconsciente regresa a lo ya conocido). Esto no significa que estemos condenados por nuestra infancia ni que todos nuestros problemas provengan de ella. Comprender nuestra historia sirve precisamente para dejar de repetirla.

La memoria no siempre regresa en forma de recuerdo: a veces regresa en forma de emoción, otras en forma de reacción y, muchas veces, en forma de elección.

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Psic. Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo egresado de la UANL
Psicoterapeuta Cédula Profesional 6775187
Doctorante en Salud Mental
Citas al 866 133 3958

31/08/2026

¿Por qué sobrepensamos y cómo podemos detenerlo?

En psicoterapia es muy común escuchar dudas como: “¿Y si mañana me despiden?”, “¿y si mi pareja me deja?”, “¿y si tengo una enfermedad?”, “¿qué voy a hacer con esa deuda?”. El acontecimiento todavía no ocurre, pero nuestro cuerpo puede reaccionar ante la anticipación de una amenaza. Podemos sufrir hoy por algo que quizá suceda mañana, dentro de un año o que incluso nunca suceda.

Una de las grandes capacidades del cerebro humano es anticipar. Gracias a ella podemos planear, prevenir riesgos y prepararnos para el futuro. El problema comienza cuando esa capacidad deja de ayudarnos a prepararnos y empieza a mantenernos permanentemente preocupados.

¿Qué se puede hacer?

Primero, distinguir entre peligro real y peligro anticipado. No es lo mismo pensar “me van a despedir” que reconocer “tengo miedo de que puedan despedirme”. En el primer caso convertimos una posibilidad en una certeza; en el segundo reconocemos lo que realmente está ocurriendo: estamos sintiendo temor ante algo que podría suceder.

Segundo, regresar al presente. Ante la duda, podemos preguntarnos: “¿Qué está sucediendo realmente en este momento?”. No se trata de ignorar el futuro, sino de evitar vivir emocionalmente en un escenario que todavía no existe.

Tercero, transformar la preocupación en acción. Si algo puede hacerse, hay que hacerlo. Si me preocupa perder el empleo, puedo ahorrar, actualizar mi currículum o buscar alternativas. Si me preocupa mi salud, puedo acudir a una revisión médica. La preocupación que conduce a una acción puede ser útil; la preocupación que solamente da vueltas sobre el mismo escenario termina convirtiéndose en rumiación, en sobrepensar las cosas.

Cuarto, regular también el cuerpo. El estrés no ocurre únicamente en nuestros pensamientos. Respirar lentamente, caminar, hacer ejercicio, dormir adecuadamente, descansar, convivir y realizar actividades agradables ayudan.

Quinto, aprender a tolerar la incertidumbre. Probablemente esta sea una de las tareas psicológicas más difíciles: aceptar que no podemos tener garantías sobre todo. No podemos asegurar que nunca enfermaremos, que una relación durará para siempre o que jamás tendremos dificultades económicas. Lo que sí podemos desarrollar son recursos para afrontar aquello que eventualmente suceda.

La meta no es dejar de pensar en el futuro ni eliminar por completo la preocupación. Se trata de aprender a preguntarnos: “¿Hay algo que puedo hacer ahora?”. Si la respuesta es sí, actuar. Si la respuesta es no, regresar al presente.

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Psic. Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo egresado de la UANL
Psicoterapeuta Cédula Profesional 6775187
Doctorante en Salud Mental
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31/08/2026

Adaptarse al cambio: Epigenética, Alostasis y Resiliencia

Durante mucho tiempo pensamos la salud como la capacidad de conservar un equilibrio (Homeostasis): si algo nos altera, el organismo intenta regresar al estado anterior. Sin embargo, hoy sabemos que la adaptación humana es mucho más compleja. A veces no podemos regresar a como éramos antes porque la vida misma cambió. Entonces necesitamos cambiar nosotros.

La epigenética nos muestra que nuestros genes no funcionan aislados de nuestra historia. La alimentación, el estrés, los vínculos, las experiencias adversas y muchas otras condiciones ambientales pueden influir en la manera en que determinados genes se expresan, sin necesidad de modificar la secuencia del ADN. En otras palabras, nacemos con una biología, pero esa biología permanece en constante interacción con el ambiente.

La alostasis nos ayuda a comprender qué hace el organismo frente a esas demandas: busca estabilidad a través del cambio. Si cambia el ambiente, nosotros también ajustamos nuestra fisiología, nuestras emociones y nuestra conducta. Adaptarnos no siempre significa regresar al punto de partida. Muchas veces significa construir un nuevo equilibrio.

Ser resiliente no significa que nada nos afecte, soportarlo todo o regresar exactamente a ser quienes éramos antes. Significa poder atravesar la adversidad, reorganizarnos y mantener o recuperar un funcionamiento adaptativo. Algunas experiencias incluso nos obligan a desarrollar recursos que antes no necesitábamos.

Por lo tanto: la epigenética nos recuerda que la experiencia puede dejar huellas en la regulación de nuestra biología; la alostasis explica cómo buscamos estabilidad mediante ajustes y cambios; y la resiliencia describe nuestra capacidad de seguir adaptándonos frente a la adversidad.

La salud mental no consiste siempre en volver a ser quien eras antes de que algo ocurriera; consiste en integrar lo vivido, modificar lo que ya no funciona y construir una nueva manera de estar en el mundo.

No siempre sobrevivimos permaneciendo iguales. Muchas veces sobrevivimos, precisamente, porque somos capaces de cambiar.

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Psic. Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo egresado de la UANL
Psicoterapeuta Cédula Profesional 6775187
Doctorante en Salud Mental
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29/08/2026

Reformulación y Reencuadre: dos técnicas de psicoterapia que ayudan a mejorar la vida

Muchas veces no podemos cambiar inmediatamente lo que está pasando, pero sí podemos cambiar el significado que la persona le atribuye a lo que está pasando. Y esto no significa engañarnos, pensar positivo o negar la realidad. Significa reconocer que un mismo hecho puede ser interpretado de distintas maneras, y que la interpretación que hacemos influye profundamente en lo que sentimos y en cómo actuamos.

Por ejemplo, unos papás que dicen: “Mi hijo adolescente se está alejando de nosotros; ya no quiere convivir y solamente quiere estar con sus amigos”. Si interpretan esa conducta como “ya no le importamos”, probablemente aparecerán tristeza, enojo, reclamos y mayor control. Pero si se introduce otra lectura: “Está entrando en una etapa en la que necesita construir autonomía y pertenecer a su grupo de iguales”, el hijo sigue saliendo con sus amigos, pero la experiencia de los padres frente a esa conducta puede cambiar considerablemente.

Reformular permite describir de otra manera aquello que parecía tener un único significado. Quizá alguien no es simplemente “terco”, sino persistente. Quizá una persona que pregunta constantemente dónde está su pareja no solamente “quiere controlar”, sino que también puede estar buscando seguridad.

Reencuadrar supone ir todavía más allá: colocar esa conducta dentro de otro contexto, como la adolescencia, la historia familiar, una etapa de transición o la dinámica de pareja, para comprenderla desde una perspectiva diferente.

Cuando cambia el significado, puede cambiar la respuesta. Si pienso “mi hijo me desafía”, respondo desde la lucha. Si pienso “mi hijo está intentando ganar autonomía y todavía necesita límites”, puedo responder con firmeza sin convertir cada desacuerdo en una batalla. El acontecimiento puede ser exactamente el mismo, pero cambia la posición desde la cual nos relacionamos con él.

Por eso, en psicoterapia no siempre se trata de eliminar inmediatamente aquello que incomoda. Hay pérdidas que no pueden deshacerse, personas que no podemos cambiar y circunstancias que no dependen de nosotros. Pero sí podemos trabajar sobre la historia que construimos alrededor de esas experiencias. A veces el primer cambio terapéutico no ocurre afuera. Ocurre cuando aquello que parecía tener un solo significado comienza a poder mirarse desde otro lugar.

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Psic. Carlos Arturo Moreno De la Rosa
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