11/04/2026
🦋 Algunos lutos no se anuncian ni se explican, solo se cumplen 🦋
Don Roberto le daba de comer todas las mañanas a las siete, y Canelo llegaba a las siete menos cuarto sin falta desde hace dos años.
Nadie le enseñó el horario, nadie lo llamaba, simplemente apareció un día en esa puerta y Don Roberto le puso un plato y desde entonces los dos cumplieron ese trato sin firmarlo nunca, el viejo ponía la comida y el perro llegaba puntual como si tuviera reloj.
Don Roberto murió hace tres semanas y la puerta no volvió a abrirse a las siete de la mañana, pero Canelo no lo sabe, o si lo sabe no ha encontrado la manera de incorporarlo a su rutina.
Los vecinos lo ven llegar todas las mañanas a la misma hora, se sienta frente a la puerta, mira el moño negro que alguien ató al picaporte cuando murió el viejo, y espera un tiempo antes de irse, sin maullar, sin hacer escándalo, con esa paciencia tranquila de quien todavía confía en que algo va a pasar.
Otros vecinos le dejan comida pero Canelo no la toca hasta después de haber esperado frente a esa puerta, como si primero tuviera que cumplir con lo suyo.
Don Roberto vivía solo, no tenía familia cerca, y la gente del barrio dice que Canelo es el único que sigue visitándolo todos los días.
Créditos a quién corresponda.