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Mayet psicoterapia En un espacio dedicado al cuidado de la salud mental, el potenciamiento y desarrollo del ser humano mediante la Psicoterapia.

Parece un consejo sobre comida. No lo esMusashi no hablaba de tu plato. Hablaba de tu mente.El que vive persiguiendo el ...
01/06/2026

Parece un consejo sobre comida. No lo es

Musashi no hablaba de tu plato. Hablaba de tu mente.

El que vive persiguiendo el mejor bocado, el mejor vino, el placer más intenso, termina siendo esclavo de eso. Cada vez necesita más. Y lo que ayer lo llenaba, hoy ya no le basta.

No hablaba solo de comida. Hablaba del placer en todas sus formas: la comodidad, los aplausos, lo que crees que te falta.

El guerrero entendió algo incómodo: cuando dependes del placer para estar bien, cualquiera que controle ese placer te controla a ti.

No se trata de comer mal ni de renunciar a todo. Se trata de no quedar atrapado. De disfrutar una buena comida sin necesitarla. De que tu paz no dependa de lo que tienes delante, sino de lo que llevas dentro.

El hombre libre no es el que más tiene. Es el que menos necesita.

🌌✨ ¿Y si todo lo que existe estuviera conectado en una sola escala infinita?Desde galaxias colosales y universos imposib...
09/05/2026

🌌✨ ¿Y si todo lo que existe estuviera conectado en una sola escala infinita?

Desde galaxias colosales y universos imposibles… hasta partículas tan pequeñas que desafían nuestra comprensión.

Esta imagen representa el viaje de la existencia: lo inmenso, lo humano y lo invisible coexistiendo en un mismo equilibrio cósmico. 🔮⚛️

Tal vez somos más pequeños de lo que creemos…
o quizá formamos parte de algo mucho más grande de lo que imaginamos. 🌠

Lo avisó… y nadie hizo nadaEn Lázaro Cárdenas no hubo sorpresa. Hubo omisión.Columna por Arisdahi Romero 👈🏻Porque lo ocu...
25/03/2026

Lo avisó… y nadie hizo nada

En Lázaro Cárdenas no hubo sorpresa. Hubo omisión.

Columna por Arisdahi Romero 👈🏻

Porque lo ocurrido en la preparatoria Makarenko no comenzó cuando un estudiante llegó tarde y le cerraron la puerta. Ese es el dato superficial, la versión cómoda. Lo que realmente pasó empezó horas antes, en una pantalla, frente a una audiencia que miró… y siguió de largo.

El agresor no actuó en silencio. Al contrario: dejó un rastro. Un patrón. Una secuencia que hoy, vista completa, resulta imposible de ignorar.

Primero, un video publicado horas antes del ataque. Durante su reproducción aparece un texto que habla de odio hacia las feministas, de frustración acumulada durante años y de una narrativa donde las mujeres son señaladas como responsables de su malestar. No es un mensaje escrito directamente por él, pero sí es un contenido elegido, difundido y expuesto como parte de lo que quería mostrar.

El video no termina ahí. Cierra con una escena de un estudiante disparando dentro de una escuela.

Después, otra pieza: él mismo frente al espejo, posando con el arma que más tarde utilizaría. Sin ocultarse. Sin miedo. Como si no se tratara de un objeto de muerte, sino de un símbolo de identidad.

Y finalmente, una frase que hoy pesa más que cualquier otra:
“hoy es el día”.

No hay manera de decir que no hubo señales.

Lo que hubo fue una narrativa construida paso a paso.

El perfil desde donde se publicaba ese contenido tampoco era neutro. El nombre, “Alkaeda.67”, no parece una coincidencia inocente. El avatar, con estética militar, refuerza una imagen de confrontación. La música que acompañaba sus historias tampoco es irrelevante: canciones como “TOMORROWLAND” de Alex Favela, cargadas de referencias a armas, dinero ilícito, dr**as y desafío a la autoridad, forman parte de un imaginario donde la violencia no solo existe: se admira.

A eso se suma otra pieza, “Morir en el intento”, que fuera de contexto podría interpretarse como una expresión emocional, pero que en este caso —combinada con la exhibición de un arma y mensajes de tensión— adquiere un sentido distinto. No es la canción en sí. Es el entorno en el que se utiliza.

Porque aquí no estamos hablando de gustos musicales. Estamos hablando de una identidad digital construida alrededor de la violencia, el poder y el resentimiento.

Y dentro de esa construcción hay un elemento que no se puede minimizar: el discurso de odio hacia las mujeres. No como comentario aislado, sino como parte de una narrativa que deshumaniza, que culpa y que señala.

Cuando ese tipo de discurso se mezcla con la exhibición de un arma, con referencias visuales de ataques escolares y con mensajes anticipatorios, deja de ser ruido.

Se convierte en advertencia.

No hace falta ser especialista para verlo. Pero sí hace falta querer verlo.

Porque aquí viene la parte más incómoda de esta historia: todo esto ocurrió en redes abiertas. No en la clandestinidad. No en secreto.

Alguien lo vio.
Alguien lo compartió.
Alguien pensó que era exageración.

Y nadie actuó.

Nos hemos acostumbrado tanto a consumir violencia en formato digital que hemos perdido la capacidad de reconocer cuándo deja de ser contenido y se convierte en señal de riesgo. Vemos armas en historias como si fueran filtros. Escuchamos discursos de odio como si fueran opiniones. Leemos frases como “hoy es el día” y las dejamos pasar como dramatismo adolescente.

Hasta que dejan de serlo.

Entonces buscamos explicaciones rápidas: que si la escuela, que si la disciplina en casa, que si un momento de enojo. Pero la realidad es menos cómoda: esto no fue espontáneo.

Fue anticipado.

Y en ese punto, la pregunta ya no es por qué disparó. La pregunta es otra, mucho más difícil de responder:

¿por qué nadie hizo nada cuando todavía se podía hacer algo?

Porque el problema no empieza con el disparo. Empieza cuando la violencia se convierte en lenguaje, en estética, en identidad. Empieza cuando se publica, se comparte y se ignora.

Y mientras sigamos tratando esas señales como si fueran parte del entretenimiento, vamos a seguir llegando tarde.

Como en esta historia.

Demasiado tarde.

A veces no le tenemos miedo al fracaso…le tenemos miedo a que sí funcione.Porque el éxito implica cambios: nuevas respon...
27/02/2026

A veces no le tenemos miedo al fracaso…
le tenemos miedo a que sí funcione.

Porque el éxito implica cambios: nuevas responsabilidades, nuevas expectativas y, muchas veces, dejar atrás versiones cómodas de nosotros mismos. Desde la psicología sabemos que la mente busca seguridad, no felicidad. Prefiere lo conocido —aunque duela— antes que lo incierto —aunque pueda hacernos crecer—.

El miedo al éxito aparece cuando pensamos:
“¿Y si no puedo sostenerlo?”
“¿Y si esperan más de mí?”
“¿Y si cambio y dejo de ser quien era?”

Pero aquí está la paradoja:
la felicidad no llega cuando desaparece el miedo, sino cuando avanzas a pesar de él.

Crecer incomoda.
Sanar confronta.
Triunfar transforma.

Tal vez no necesitas más confianza…
solo dejar de huir de aquello que sabes que mereces.

Porque muchas veces, el mayor obstáculo entre tú y tu felicidad
no es el mundo…
es el permiso que aún no te has dado para vivirla.

🐾 La verdad psicológica incómoda detrás de “amo más a mi perro que a mi familia”Cuando alguien dice: “Los perros valen m...
19/02/2026

🐾 La verdad psicológica incómoda detrás de “amo más a mi perro que a mi familia”
Cuando alguien dice: “Los perros valen más que los humanos” “Un perro sí es fiel” “Me canso de ser persona cuando lo miro”
No está hablando realmente del perro.
Está hablando de heridas.

Desde la psicología, el animal representa lo que muchas veces no encontramos en los vínculos humanos:

✔️ Lealtad sin traición
✔️ Amor sin juicio
✔️ Presencia sin abandono
✔️ Aceptación sin condiciones

A veces no es que alguien quiera ser perro…
Es que está cansado de una humanidad que le ha dolido.
Identificarse más con un animal puede ser una forma silenciosa de decir:

“Con los humanos aprendí a desconfiar.”
No es locura.
Es decepción vincular.
Y quizá la pregunta no es por qué aman tanto a su perro…

Sino qué experiencia humana les enseñó a proteger tanto su corazón.

́a

🙏🏻🫂🧠👌🏻

🚨 FREUD DEMOSTRÓ QUE REPITES LO QUE MÁS TE DUELE (Y NO ES CASUALIDAD) 🚨Durante años se dijo:👉 “Siempre eliges mal.”👉 “Te...
19/02/2026

🚨 FREUD DEMOSTRÓ QUE REPITES LO QUE MÁS TE DUELE (Y NO ES CASUALIDAD) 🚨

Durante años se dijo:
👉 “Siempre eliges mal.”
👉 “Te gustan los tóxicos.”
👉 “No aprendes.”

Como si repetir historias fuera simple mala decisión.

Freud observó algo más profundo.

En 1920 llamó a esto “compulsión a la repetición”.

Descubrió que las personas tienden a recrear, sin darse cuenta, experiencias emocionales no resueltas.

No porque quieran sufrir.

Porque el psiquismo intenta dominar lo que no pudo elaborar.

Freud notó que pacientes volvían una y otra vez a:

• relaciones que terminaban igual
• dinámicas de abandono
• vínculos con figuras similares
• situaciones donde volvían a sentirse rechazados

No es mala suerte.

Es un intento inconsciente de “resolver” lo que quedó abierto.

El sistema psíquico busca familiaridad.

Y lo familiar, incluso si duele, se siente predecible.

Aquí viene lo incómodo:

👉 A veces no buscamos amor.
👉 Buscamos lo que conocemos.

El inconsciente no distingue entre bienestar y costumbre.

Repite lo que reconoce.

No es debilidad.

No es estupidez.

Es una forma primitiva de intentar cerrar una herida antigua.

Pero Freud también mostró algo clave:

Lo que se hace consciente, pierde parte de su fuerza automática.

Cuando entiendes el patrón,
deja de gobernarte desde la sombra.

La idea central es esta:

👉 No repites porque quieras sufrir.
👉 Repites porque algo en ti quiere entender.

Y cuando lo entiendes,
puedes elegir distinto.

Psicoanálisis que incomoda.

Pero explica por qué la historia,
a veces,
parece escribirse sola.

En muchas familias, el “hijo consentido” no es solo el favorito. Es el hijo dorado: el intocable. El que puede equivocar...
16/02/2026

En muchas familias, el “hijo consentido” no es solo el favorito. Es el hijo dorado: el intocable. El que puede equivocarse, agredir, manipular o dañar… y aun así será defendido. No porque no vean lo que hace, sino porque la familia entera está organizada para protegerlo.

Cuando a un integrante se le justifica todo, se le encubre, se le minimiza lo grave y se le trata con privilegios frente a los demás hermanos, no estamos hablando de amor. Estamos hablando de una dinámica profundamente dañina.

Porque mientras uno es elevado, otro suele ser elegido como el chivo expiatorio: el que “exagera”, el que “siempre hace drama”, el que “no se sabe llevar”. Aunque sea quien más está intentando poner límites o decir la verdad.

Estas dinámicas rompen la autoestima de quien las recibe. Generan una herida profunda de traición y abandono. Y dejan una marca emocional muy fuerte: la sensación de que, aunque te lastimen, nadie te va a defender.

Y lo más doloroso es esto: muchas veces los padres que sostienen esta dinámica lo hacen porque les conviene que los hermanos no se unan. Porque un hermano unido es una familia que cuestiona. Y una familia que cuestiona ya no es fácil de controlar.

Por eso el hijo dorado no solo es protegido. Es usado. Y el resto aprende a callar, a competir o a resignarse.

No es “familia normal”. Es una estructura de poder.

El amor desde la psicología (y no, no es solo mariposas en el estómago 🦋)El amor no es magia.No es destino.Y definitivam...
15/02/2026

El amor desde la psicología (y no, no es solo mariposas en el estómago 🦋)
El amor no es magia.
No es destino.
Y definitivamente no es “me celó porque me ama”.

Desde la psicología, el amor es un fenómeno complejo que mezcla apego, historia personal, heridas no resueltas, expectativas aprendidas y, claro… un poco de química cerebral.
Sí, la dopamina existe.
Pero también existe tu patrón repetitivo de elegir lo mismo con diferente nombre.
Amar no es perderse.
No es aguantar.
No es rescatar.
No es convertirte en terapeuta de tu pareja (aunque seas psicólogo 😌).
El amor sano implica:
✔️ Límites
✔️ Comunicación clara
✔️ Responsabilidad afectiva
✔️ Y la capacidad de estar bien contigo, incluso cuando el otro no está
Porque cuando el amor duele más de lo que construye, no es intensidad… es dinámica mal aprendida.
Y no, no todo lo que se siente fuerte es amor.
A veces es ansiedad.
A veces es apego inseguro.
A veces es miedo a estar solo disfrazado de “no puedo vivir sin ti”.
Amar psicológicamente sano es poder decir:
“Te elijo, pero no me abandono.”
Y eso, aunque no suene tan dramático como una canción de desamor…
es mucho más estable que cualquier promesa eterna hecha a las 2 a.m.
El amor no debería salvarte.
Debería acompañarte.
Y si algo te desregula constantemente, no es el destino…
es una oportunidad de revisar tu historia.

Si algo de esto te hizo ruido… no es coincidencia
Hablar también es sanar.


Cuando Elisabeth Kübler-Ross comenzó a trabajar con pacientes terminales, se dio cuenta de algo que la indignó profundam...
13/02/2026

Cuando Elisabeth Kübler-Ross comenzó a trabajar con pacientes terminales, se dio cuenta de algo que la indignó profundamente: la medicina sabía tratar enfermedades, pero no sabía tratar personas. Los hospitales estaban llenos de tecnología, protocolos y diagnósticos, pero cuando alguien estaba por morir ocurría lo peor: lo evitaban. Lo aislaban. Lo callaban. Se convertía en un tema incómodo, casi como si su sola presencia fuera un recordatorio de algo que el sistema no quería mirar. A veces, lo más cruel no era el dolor físico, sino el abandono emocional disfrazado de “profesionalismo”.

Entonces Kübler-Ross hizo algo que en su época fue impensable. Algo que muchos consideraron inapropiado, antiético o excesivamente emocional: llevó a pacientes terminales al aula universitaria y los sentó frente a estudiantes de medicina. No para que fueran observados como objetos clínicos, sino para que hablaran. Para que dijeran su verdad. Para que explicaran qué se siente estar frente a la muerte, qué duele, qué asusta, qué se necesita cuando ya no hay promesas de curación. Fue una escena incómoda para todos: estudiantes tensos, rígidos, sin saber dónde poner la mirada; profesores indignados, convencidos de que aquello no era académico; y al centro, un ser humano que ya no tenía nada que fingir.

En ese espacio, los estudiantes aprendieron algo que ningún libro enseña. No era anatomía ni farmacología. Era el sonido real del miedo. Era la tristeza de la despedida. Era la soledad de sentirse tratado como “un caso perdido”. Era la necesidad desesperada de ser mirado con dignidad, de ser escuchado sin prisa, de no ser reducido a un diagnóstico. Muchos de ellos entendieron por primera vez que el paciente no es una enfermedad con nombre, sino una historia completa que se está apagando, una vida que todavía merece respeto aunque el cuerpo ya no responda.

Los colegas de Kübler-Ross se horrorizaron. Le dijeron que era demasiado, que estaba exponiendo a los pacientes, que eso no era medicina seria. Pero ella no se echó para atrás. Porque había entendido algo que el sistema todavía no quería aceptar: no es la muerte lo que traumatiza, es el silencio que la rodea. No es el final lo que destruye, es la manera en que abandonamos emocionalmente a quienes están por partir. Lo que ella hizo no fue un espectáculo, fue una revolución ética. Fue obligar a la medicina a recordar que antes que curar, debe acompañar; y que incluso cuando ya no se puede salvar una vida, todavía se puede sostener una persona.

Esa fue la grandeza de Elisabeth Kübler-Ross: enfrentó un sistema que prefería mirar hacia otro lado. Enseñó que el acto más humano, el más terapéutico, no siempre es una intervención. A veces es algo mucho más simple y más difícil: quedarse.

No des explicaciones​La mayoría de nuestras ansiedades nacen del deseo de ser comprendidos por mentes que no tienen la i...
10/02/2026

No des explicaciones
​La mayoría de nuestras ansiedades nacen del deseo de ser comprendidos por mentes que no tienen la intención de entendernos. Gastamos nuestra energía vital (ese recurso que Marco Aurelio nos recordaba proteger) intentando justificar nuestras decisiones ante quienes solo buscan juzgarlas.

​La trampa de la validación externa
​Cuando explicas en exceso lo que haces, le estás otorgando al otro el poder de aprobar o rechazar tu vida. El estoico sabe que su carácter y sus acciones son lo único que realmente le pertenece. Si actúas con rectitud, la explicación es redundante; si actúas con malicia, ninguna explicación te salvará.

​Tu silencio es fuerza: No es ser arrogante, es economía emocional.

​Tu juicio es el único que importa: Como decía Epicteto, si lo que haces es correcto, ¿por qué temer a quienes lo critican injustamente?

​El tiempo es finito: Cada minuto que pasas convenciendo a alguien de tu valor, es un minuto que pierdes cultivándolo.

​La práctica del día
​La próxima vez que sientas el impulso de justificar una decisión personal, detente. Respira. Si tu conciencia está tranquila y tu acción se alinea con la virtud, no hace falta decir más.

​Que tu vida hable por ti. Las palabras son ruido; el carácter es la verdad.

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