02/07/2026
Bello, alguien se quiere tatuar uno?
Yo si
Durante siglos, la única certeza que tuvieron los científicos sobre la apariencia real del dodo fue una pintura hecha por un artista de la India, mucho antes de que el animal desapareciera para siempre. Ese dato, que suena casi increíble, tiene una explicación histórica concreta: el pintor se llamaba Ustad Mansur, trabajó en la corte del emperador mogol Jahangir y retrató al dodo en vida, algo que ningún otro artista de su época logró hacer con tanta precisión.
Ustad Mansur fue un pintor activo entre 1590 y 1624, considerado el principal artista de naturaleza de la corte mogol. El emperador Jahangir sentía una pasión enorme por los animales exóticos y le encargaba a Mansur que dibujara con total exactitud cada criatura nueva que llegaba a su palacio, desde halcones hasta cebras. Por su talento, Mansur recibió el título de "Nadir-al-Asr", que significa "sin igual de su época".
¿Cómo llegó un dodo, originario de la isla Mauricio en África, hasta la India? Según el viajero inglés Peter Mundy, dos dodos fueron llevados a través del puerto de Surat, en Gujarat, probablemente traídos por comerciantes portugueses desde Goa. Mundy estuvo en esa región entre 1628 y 1633 y dejó testimonio escrito de haber visto a esas aves. Se cree que la pintura de Mansur, hecha alrededor de 1625, está basada en uno de esos dos ejemplares vivos.
Esta pintura es muy valiosa porque, a diferencia de otros dibujos europeos de la época (como uno hecho por el artista Roelant Savery en Ámsterdam entre 1626 y 1628, considerado poco fiel a la realidad), la obra de Mansur fue realizada observando directamente a un dodo vivo. Por eso los científicos la consideran la representación más exacta que existe del animal.
La pintura permaneció perdida durante mucho tiempo hasta que fue redescubierta en la colección del Instituto de Estudios Orientales de la Academia Rusa de Ciencias, y causó sensación cuando se presentó en 1958 en un congreso internacional de ornitología en Helsinki.
El dodo se extinguió hacia finales del siglo XVII, principalmente por la caza humana y por los animales domésticos que los europeos llevaron a la isla Mauricio y que destruían sus nidos en el suelo, ya que el dodo no podía volar ni defenderse. Hoy esa pintura, conservada en el Museo del Hermitage en San Petersburgo, sigue siendo una de las pocas pruebas visuales confiables de cómo era realmente este pájaro antes de desaparecer.