22/08/2026
Cuando creces recibiendo correcciones constantes sobre lo que comes, cómo te ves, lo que haces, lo que te falta o lo que deberías ser, el mensaje que puede terminar quedándose no es solo “mamá quiere lo mejor para mí”.
También puede aparecer otro:
“Como soy, todavía no es suficiente.”
Y eso puede colarse en muchos lugares: en la autoestima, en cómo percibes tu cuerpo, en la exigencia con la que vives ser mujer y, por supuesto, en tu relación emocional con la comida.
De hecho, algo de lo que hablo en mi libro 30 días para mejorar tu relación emocional con la comida es precisamente esto: nuestra forma de relacionarnos con los alimentos no empieza en el plato. También se construye con los mensajes, reglas y significados que aprendimos alrededor de ellos.
Y a veces crecemos y nos toca decidir cuáles queremos conservar y cuáles no queremos seguir transmitiendo.
‼️No se trata de convertir a mamá en la villana.
Podemos quererla, comprender su historia y reconocer lo que hizo bien, mientras también nos permitimos mirar aquello que nos hizo daño.
Porque entender de dónde viene una herida puede explicar muchas cosas.
Pero no convierte en sano lo que no lo fue.