08/05/2026
El cerebro influye en el intestino: el estrés, la ansiedad, el miedo o la tristeza pueden provocar gastritis, colitis, inflamación, cambios en el apetito o sensación de “nudo” en el estómago.
El intestino también influye en el cerebro: la microbiota intestinal participa en la producción de neurotransmisores como la serotonina, relacionada con el estado de ánimo, el sueño y la regulación emocional.
Por eso muchas veces una persona emocionalmente saturada no solo “piensa” el malestar, también lo siente físicamente.
La imagen también puede interpretarse de manera simbólica:
“Arriba” representa la mente, pensamientos y emociones.
“Abajo” representa el cuerpo, impulsos, digestión emocional y regulación fisiológica.
En psicología esto se relaciona con conceptos como:
la somatización, la regulación emocional, el impacto del estrés crónico, y la conexión mente-cuerpo.
No significa que “todo está en la mente”, sino que cuerpo y mente funcionan como un sistema integrado. Lo emocional puede alterar procesos físicos, y lo físico también puede afectar nuestra estabilidad psicológica.
“A veces el cuerpo habla lo que la mente calla.
El estrés no solo se piensa, también se digiere.
La ansiedad puede sentirse en el intestino, y un intestino inflamado también puede alterar el estado de ánimo.
La salud mental no vive solo en el cerebro; también habita en el cuerpo.
Porque como es arriba, es abajo.”