23/05/2026
Hay recuerdos que no se quedan en el pasado… se quedan viviendo dentro de ti.
A veces el trauma no se siente como “un recuerdo”, sino como si el cuerpo siguiera atrapado en ese momento.
Recuerdo que después de lo que viví, dejé de sentirme segura. Todo cambió. Mi forma de dormir, de confiar, de mirar a las personas… incluso de mirarme a mí. Había días en los que sonreía por fuera, pero por dentro seguía en alerta, como si algo malo pudiera volver a pasar en cualquier instante.
Lo más difícil era explicar lo que me ocurría. Porque el trauma no siempre se ve. A veces se esconde en el cansancio constante, en el miedo sin razón aparente, en la ansiedad, en el enojo, en el silencio o en las ganas de desaparecer un rato del mundo.
Mi mente intentaba seguir adelante, pero mi cuerpo seguía recordando, sonidos, lugares o palabras me hacían regresar ahí sin querer. Y aunque pasara el tiempo, había una parte de mí que seguía sintiéndose rot@, confundid@y sol@...
Lo que más necesitaba no era que me dijeran “ya pasó”, sino sentir que alguien podía acompañarme sin juzgarme. Que podía hablar de lo que dolía sin tener que fingir fortaleza todo el tiempo.
Con el tiempo entendí que sobrevivir también cansa. Y que sanar no significa olvidar lo vivido, sino aprender a habitar mi historia sin que el dolor controle toda mi vida.