25/01/2026
Nicolas Cage parecía intocable. En los años noventa y principios de los 2000, su nombre era sinónimo de éxito: cada vez que aparecía en la cartelera, el público respondía con entusiasmo. La Roca, Con Air, Face/Off y 60 segundos lo convirtieron en uno de los actores más taquilleros de Hollywood. Los estudios le pagaban hasta veinte millones de dólares por película y su fortuna llegó a superar los ciento cincuenta millones. Era el retrato del triunfo absoluto: un hombre que había renunciado al apellido Coppola (Sí, es sobrino del mismísmo Francis Ford Coppola) para forjar su propio destino y que lo había logrado con un estilo de actuación único, intenso, desbordado, que fascinaba a millones.
Pero detrás de esa cima se escondía un abismo. Cage comenzó a gastar con la misma intensidad con la que actuaba. Compró quince mansiones en Estados Unidos, castillos medievales en Europa, una isla privada en las Bahamas y hasta un cráneo de dinosaurio por más de 270 mil dólares. Sus excentricidades parecían parte del mito, pero la realidad era que cada compra lo acercaba más al desastre. Cuando la burbuja inmobiliaria estalló entre 2007 y 2009, el valor de sus propiedades se desplomó y las deudas fiscales con el IRS se acumularon. De repente, el hombre que había sido uno de los actores mejor pagados de Hollywood se encontró con apenas veinticinco millones de dólares y un Estado reclamándole millones en impuestos.
Él mismo lo reconoció años después en una entrevista con GQ: “Era mi desastre y yo lo limpié.” No hubo bancarrota oficial, pero sí una lucha titánica por salir adelante. Cage aceptó casi todos los papeles que le ofrecieron, sin importar si eran producciones menores o de bajo presupuesto. Entre 2010 y 2020 rodó cuarenta y seis películas, muchas criticadas, pero todas trabajadas con entrega. Esa etapa de supervivencia fue su manera de pagar hasta el último centavo de sus deudas y demostrar que, incluso en la caída, no estaba dispuesto a rendirse.
El público, que alguna vez lo había visto como un símbolo de exceso, comenzó a mirarlo con otros ojos: como un hombre que enfrentó la ruina y se levantó con trabajo incansable. Su renacimiento llegó con Pig en 2020, una película íntima que mostró su vulnerabilidad y lo reconcilió con la crítica. Luego, en The Unbearable Weight of Massive Talent (2022), se interpretó a sí mismo en clave paródica, celebrando su mito y su resiliencia. Hoy, a sus sesenta y un años, Nicolas Cage vive una etapa distinta: ya no corre detrás de cada papel, sino que elige con cuidado, disfrutando de la estabilidad junto a su esposa Riko Shibata y su hija August Francesca.
Su historia es la de un hombre que lo tuvo todo, lo perdió casi todo y lo recuperó con esfuerzo. Cage demuestra que incluso las estrellas más brillantes pueden caer, pero también que la caída no define a quien se atreve a levantarse.