08/05/2026
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"Un compañero me esperó a la salida del colegio con cinco amigos. Me pegaron entre todos porque 'los bailarines no son hombres de verdad'.
Tenía 12 años. Había empezado a tomar clases de baile de niño porque mi madre, fotógrafa, siempre me llevaba a sus rodajes. Me encantaba moverme. Pero en el patio del colegio, eso era motivo de burla. 'Niñita', 'ma**ca', 'baila para nosotros'. Me escondía en el baño para cambiar la ropa del entrenamiento.
Además, leía mal. Muy mal. Tenía dislexia sin diagnosticar. Los profesores decían que era 'tonto' o que 'no se esforzaba'. Un día, un maestro me leyó una nota en voz alta delante de toda la clase: 'Tom necesita atención especial'. Los niños se rieron. Yo quise desaparecer.
Mi padre, un comediante y escritor, me llevó al médico. Me diagnosticaron dislexia severa. Pero también me dijo: 'Tom, tu cerebro no es peor. Solo es diferente. Aprenderás a tu manera'.
A los 14 años, un cazatalentos de teatro me vio bailando en una exhibición callejera en Londres. Me ofreció el papel de Billy Elliot en el West End. Yo, el niño al que llamaban 'ma**ca' por bailar, iba a interpretar a un bailarín en el escenario más famoso del mundo. La ironía me hizo llorar de rabia y de alegría.
Después llegó Spider-Man. Y con él, la fama mundial, los paparazzis, la presión. En 2022, tuve una crisis de ansiedad tan fuerte que me fui a vivir con mis padres durante meses. Otra vez me sentí como el niño asustado del colegio.
Hoy, 'The Crowded Room' (que también produje) me ha dado el reconocimiento que quería como actor dramático. Y mi nueva obra de teatro en Londres tiene las entradas agotadas. Pero lo que más me importa es que cada año, voy a colegios a hablar de dislexia. Les digo a los niños: 'No eres tonto. Tu cerebro simplemente va a otro ritmo. Y ese ritmo puede ser el tuyo propio'.
Si hoy te pegan por ser diferente o te llaman tonto por no leer rápido, no te creas ni una palabra. El mundo necesita bailarines que hablen con el cuerpo y actores que tropiecen con las palabras. La perfección es aburrida. La rareza es inolvidable.
— Tom Holland