07/10/2026
ANTES DEL CANTO YA HABÍA UN LATIDO
Antes del tambor ya estaba el corazón.
Antes del canto ya había respiración.
Buscamos el sonido que nos ordene.
La ceremonia que nos centre.
Y sí, todo eso puede acompañar.
Pero el tambor no viene a inventarte un ritmo.
Viene a recordarte que ya estás latiendo.
Aunque te sientas perdido, cansado o fuera de lugar, algo adentro sigue marcando presencia.
Golpe.
Silencio.
Golpe.
Silencio.
No todo el tambor es sonido.
También es el espacio entre un golpe y otro.
Ahí se acomoda lo que el ruido no deja asentar.
Cuando varias personas escuchan el mismo tambor, cada una conserva su propio corazón.
Nadie pierde su ritmo.
Pero por un momento hay un mismo pulso atravesando cuerpos distintos.
Por eso el tambor llega tan hondo.
No te da lo que te faltaba.
Te hace oír lo que ya tenías.
A veces no hay que buscar otro ritmo.
Basta con dejar de hacer ruido para escuchar el que nunca se fue.
ANTES DE BUSCAR EL RITMO AFUERA, VUELVE A ESCUCHAR EL DE ADENTRO.