10/08/2026
Llevamos años viendo el mismo patrón: una influencer en Miami, Los Ángeles o Ciudad de México nos vende una dieta armada con quinoa, matcha, açaí y proteína en polvo importada — todo empacado en un carrusel bonito, con luz natural y "resultados en 30 días".
Mientras tanto, en nuestro propio territorio hay pescado, amaranto, nopal, frijol, calabaza, chía, maíz nixtamalizado — ingredientes con miles de años de historia nutricional, agrícola y cultural detrás — y los llamamos "comida de rancho" o "comida de pobres", no "superalimentos".
Eso no es casualidad. Es colonialismo alimentario disfrazado de bienestar: se nos enseña a ver como inferior lo propio y como aspiracional lo ajeno, aunque lo propio tenga la misma o mejor evidencia científica detrás.
Instagram no te va a vender la milpa. No genera el mismo engagement que un smoothie bowl con frutos importados. Pero la milpa sí te alimenta, sí sostiene comunidades, sí es sostenible con el planeta y sí tiene décadas de estudios que la respaldan.
La próxima vez que una dieta de moda te haga sentir que tu comida de siempre "no es suficiente", pregúntate: ¿esto es ciencia, o es marketing con acento aspiracional? La alimentación real no vive en un carrusel de tendencias. Vive en tu mercado, en tu historia y en tu comunidad.
¿Qué ingrediente de tu región crees que merece el título de "superalimento" antes que cualquier importado? Cuéntame en comentarios.