10/08/2026
Dicen que el cuervo no canta para agradar.
No busca aprobación. No suplica compañía.
En un invierno largo y duro, un cuervo quedó solo.
Había perdido a su pareja y el alimento escaseaba.
Vio a otras aves reunirse, depender unas de otras, pelear por migajas… mendigar atención, calor, compañía.
El cuervo lo intentó una vez.
Se acercó a un grupo, bajó la cabeza, ofreció sumisión.
Lo ignoraron.
Y en ese instante entendió algo que le cambiaría la vida:
El que mendiga, se empequeñece.
Se alejó.
Aprendió a volar más alto, donde el aire es frío pero limpio.
Aprendió a observar desde lejos, a esperar el momento correcto.
Encontró alimento donde otros no veían nada.
Se volvió fuerte, preciso, autosuficiente.
Con el tiempo, otros cuervos comenzaron a seguirlo.
No porque los llamara.
No porque los necesitara.
Sino porque su presencia imponía respeto.
Y entonces comprendió la lección final:
El amor, el respeto y la compañía verdaderos… no se piden.
Se atraen cuando dejas de necesitar que te los den.
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Moraleja:
Nunca mendigues amor.
El cuervo no ruega… y por eso nunca es ignorado.
Centro Holístico Tolotzin