20/05/2026
“Ser psicólogo es una profesión hermosa… aunque a veces parezca deporte extremo.”
Buen día a todos.
Hoy quiero hablar de algo que une a todos los psicólogos del mundo:
las frases que la gente nos dice… creyendo que son originales.
Porque apenas dices: “Soy psicólogo”, y automáticamente comienza el interrogatorio emocional gratuito.
La primera nunca falla:
—“¡Ay no! Entonces ya me estás analizando…”
No, Alma
Te prometo que en este momento solo estoy pensando en qué voy a cenar y cuánto café necesito para sobrevivir la semana.
Después viene la clásica:
—“¿Y tú qué ves en mí?”
Ansiedad… pero porque me lo preguntaste tres veces seguidas.
O la favorita de las reuniones familiares:
—“A ver, psicólogo… léeme la mente.”
Claro, déjame prender mis poderes mágicos y sacar mi bola de cristal emocional.
Y cuando alguien llora enfrente de nosotros:
—“Perdón, es que contigo siento confianza.”
Y uno por dentro:
“Señora, solo le pregunté si quería salsa verde o roja.”
También están los que creen que estudiamos psicología porque “tenemos muchos problemas”.
Pues sí… pero al menos los identificamos con terminología científica.
Y no falta quien diga:
—“Entonces tú nunca te enojas, ¿verdad?”
Claro que sí.
Solo que mientras me enojo, también identifico el mecanismo de defensa, la herida de infancia y el apego evitativo.
Otra frase hermosa:
—“Mi ex está loco, ¿qué trastorno tiene?”
Mire, señora… ni el DSM-5 alcanza para esa historia.
Y aunque nos hacen mil bromas, la verdad es que ser psicólogo significa escuchar historias que nadie más escucha, abrazar emociones que muchos ignoran y acompañar procesos invisibles para el mundo.
Porque detrás del humor, del café infinito y del “¿me estás analizando?”, hay profesionales que ayudan a reconstruir corazones en silencio.
Así que hoy brindemos por todos los psicólogos:
los que escuchan,
los que sostienen,
los que acompañan,
y los que sobreviven a que les digan:
“¿Y tú por qué estudiaste eso?”
Muchas gracias. FELIZ DÍA
😉Mtra.Kim Bautista