13/04/2026
No fue un trámite… fue una prueba
Hay recorridos que no deberían doler.
Pero en Torreón, salir a hacer un trámite puede convertirse en una prueba de resistencia.
Mi padre vivió conmigo su primer “lunes de ofertas”: farmacia y banco. Lo que para muchos es rutina, para otros es un desafío físico, emocional… y silencioso.
Los cajones para personas con discapacidad estaban ocupados.
No por necesidad. Por costumbre. Por desinterés.
Y entonces vino lo inevitable: caminar.
Pero no cualquier camino.
El estacionamiento del BBVA Colón se sintió como una extensión de la ciudad misma: baches, piedras, desniveles. Un terreno que no está pensado para quien necesita estabilidad, apoyo… o simplemente respeto.
Ahí es donde uno entiende que la accesibilidad no es discurso.
Es realidad.
Y cuando no existe, se nota.
Confieso que iba molesto.
No por el esfuerzo… sino por la indiferencia.
Porque el problema no es el cansancio.
Es saber que no debería ser así.
Pero la vida, que a veces golpea… también acomoda.
Al regresar al carro, donde mi padre me esperaba un hombre a la distancia me dijo:
“Dios lo bendiga”.
No fue casualidad.
Fue pausa.
Fue mensaje.
Y entendí algo que no viene en ningún reglamento urbano:
Si no hubiera caminado ese tramo… no me habría alcanzado esa bendición.
Por cierto mi padre no lo dijo. Tal vez por dentro tuvo miedo de mi manera de manejar.
Y ahí está el verdadero problema:
una ciudad que no incomoda a todos… pero sí excluye a muchos.
Hoy no escribo desde la queja.
Escribo desde la evidencia.
La discapacidad no limita tanto como la falta de condiciones.
Eso sí pesa. Eso sí cansa. Eso sí indigna.
Pero también enseña.
Porque al final del día, entre baches, enojo y una bendición inesperada, quedó algo claro:
No fue un trámite…
fue una prueba.
Y sí…
sobrevivimos.