10/08/2026
NO TODO EL QUE SABE ABRIR UN CÍRCULO SABE HACER ESPACIO PARA LOS DEMÁS.
Abrir un círculo es fácil.
Prendes un fuego. Sientas a las personas alrededor. Das la bienvenida.
Hacer espacio es otra cosa.
Es no llenar con tus palabras el silencio que alguien necesita para encontrarse. Es dejar que alguien llore sin apresurarte a calmarlo. Es escuchar una historia sin corregirla ni convertirla de inmediato en enseñanza.
Es entender que, aunque tú hayas encendido el fuego, el círculo no gira alrededor de ti. Gira alrededor de lo que enciende en cada uno.
He visto facilitadores abrir círculos hermosos y llenarlos por completo de su propia voz. Hablan más de lo que escuchan. Necesitan que el grupo los mire a ellos, en lugar de mirar lo que está pasando entre todos. El círculo sigue abierto por fuera, pero por dentro ya no cabe nadie más.
El fuego no pide protagonismo. Solo arde, y calienta a quien se acerque. Ese es el trabajo: sostenerlo, callar, y dejar que el otro encuentre algo sin ponérselo enfrente.
No todo el que sabe abrir un círculo sabe hacer espacio para los demás.
Esa diferencia no siempre se ve desde afuera. Pero se siente en el cuerpo de quien llegó buscando ser escuchado, y termina otra vez escuchando a alguien más.