25/03/2026
Esto no empezó el día del ataque en Lázaro Cárdenas.
Empezó mucho antes… y nadie lo detuvo.
Esa es la parte que incomoda.
Porque es más fácil pensar que fue un hecho repentino, algo imposible de prever. Pero desde la psicología clínica y la criminología, estos casos rara vez son espontáneos.
Se construyen.
Se construyen en el aislamiento que pasa desapercibido, en los cambios de conducta que se minimizan, en el enojo que se acumula sin canalizarse, en pensamientos que poco a poco dejan de ser solo ideas… y empiezan a convertirse en posibilidades.
En muchos de estos casos aparece un patrón:
Un adolescente que se siente rechazado, que empieza a distorsionar la realidad, que culpa a otros por su dolor, que pierde empatía y que, en silencio, comienza a justificar la violencia.
Y hoy hay un elemento que lo potencia todo:
Las influencias digitales.
Espacios donde el rechazo se normaliza, donde el enojo se valida y donde la violencia deja de parecer una locura… para convertirse en una opción.
A esto, en criminología, se le conoce como criminogénesis: el proceso mediante el cual una persona no solo piensa en dañar… sino que empieza a construirse para hacerlo.
Lo más preocupante no es que existan estos factores.
Es que casi siempre hubo señales antes.
Pero no se interpretaron.
No se tomaron en serio.
O simplemente… se ignoraron.
Por eso, cuando ocurre una tragedia, la pregunta no debería ser solo “¿por qué pasó?”
Sino algo mucho más incómodo:
¿En qué momento dejamos de verlo venir?
Porque la violencia escolar no aparece de la nada.
Se forma frente a nosotros.
Y entender eso… es el primer paso para prevenirlo.
¿Quieres que te explique cómo detectar estas señales a tiempo?