20/05/2026
Comer sólo porque sabes que tienes que comer… ¿Te ha pasado?
A mí sí.
Y de hecho, es lo que me ha pasado en la última semana. No siento hambre. Ni siquiera me rugen las tripas. Pero me siento cansada, mentalmente drenada y entonces como porque sé que tengo comer.
Y eso me deja con una pregunta:
¿Comemos por hambre o por placer?
O más específicamente, ¿Por qué comemos?
Si nos remontamos a la época del hombre primitivo es mucho más sencillo. Comíamos por instinto y para sobrevivir. Pero en la época actual donde nuestro cerebro recibe diferentes estímulos sensoriales y mucho de lo que hacemos se basa en la repetición mientras que el cuestionarnos por qué hacemos lo que hacemos no es un hábito tan popular, suele ser complicado el darnos cuenta qué es lo que realmente nos motiva a comer y sobre todo, qué es lo que me motiva a comer lo que estoy eligiendo comer.
Y sí. Fíjate como estoy haciendo énfasis en "elegir" porque hacia allá es a donde quiero llevar esto (creo).
Dentro del marco de lo que los profesionales en salud conocemos como "Determinantes de la Salud" qué básicamente incluye todas aquellas condiciones que posibilitan o dificultan que las personas puedan tener acceso o no al cuidado de su salud (luego hablamos de eso), destacan dos grandes categorías: Las que podemos controlar y las que no podemos controlar. Las que dependen de nosotros y las que no dependen de nosotros.
Dentro de las que no dependen de nosotros podemos encontrar: la biología, el medio ambiente, la estructura de tu ciudad o pueblo, la política pública, las regulaciones sanitarias, en fin. Un montón de cosas.
Pero, dentro de las que sí dependen de nosotros o al menos en las que podemos tener injerencia sobre ellas, tenemos: nuestras decisiones diarias.
Qué aunque parezca pequeño SÍ pueden tener un gran impacto en nuestra salud.
(Ojo aquí: no te estoy culpabilizando por lo que vives, pero sí te estoy responsabilizando por lo que eliges. Específicamente cuando hay posibilidad de elegir).
Pero aquí va el meollo del asunto. Elegir o tomar una decisión implica más de lo que creemos (o al menos debería/podría, no lo quiero exponer como algo absoluto).
De acuerdo con la psicología, tomar una decisión requiere un equilibrio entre lo racional (lo que pensamos) y lo emocional (lo que sentimos).
¿El problema? No siempre somos conscientes de lo que pensamos o sentimos.
Diría un meme que una vez vi por ahí: Yo preocupándome por lo que la gente piensa y la gente ni piensa jajaja —Ya perdón, si me dio mucha risa jajjaja— No estoy juzgando, estigmatizando ni creyéndome superior (lo necesito aclarar).
Pero es verdad que muchas veces actuamos sin pensar. Y aunque sí, eso puede ser una ventaja en muchas ocasiones (te ahorra energía mental, te alienta a la toma de decisiones rápidas y a la acción) cuando no nos cuestionamos naaaaada de lo que hacemos eso también puede jugarnos en contra en algún punto.
Por ejemplo, en mis decisiones alimentarias.
Alguna vez te has detenido a preguntarte: A ver, ¿y por qué chingados estoy comiendo lo qué como y desde cuándo lo comencé a comer así?
Sí tu respuesta es sí, qué bonito. Te felicito!! 🙂
Si tu respuesta es no, te invito a que te tomes un momento para hacerlo. Hay muchas cosas de ti que puedes descubrir con esa simple pregunta 😉
Pero ahora, dicho eso —y para no seguir alargando el texto porque honestamente podría seguir añadiendo ideas jajaja— me gustaría compartirte algo que me parece interesante:
La alimentación humana no depende únicamente del hambre física. Puede estar influenciada por diferentes estímulos, funciones o necesidades (físicas, ambientales, emocionales, sociales o conductuales).
Y aunque existen distintos modelos que intentan explicar esto (como el modelo de Alimentación Consciente de Jan Chozen Bays), más que pensar en “tipos de hambre” como categorías absolutas, me gusta verlo como distintas razones, (estímulos o necesidades) que pueden estar guiando nuestro comer (y que suelen tener una función, “un para qué”.).
¿Por qué creo que es importante que lo sepas?
No para que digas: Ahhhh. Ya sé por qué me da hambre. Ahora me voy a aguantar y no voy a comer nada.
Sino para que cuando sientas hambre logres identificar de dónde nace ese necesidad y puedas autocuestionarte y tomar una decisión más CONSCIENTE (no en automático o por repetición).
Por cierto, soy de la idea de que no. No siempre tenemos que comer por placer. Tipo hoy no voy a comer porque no se me antoja nada o nada me llama la atención. Somos adultos. A veces necesitamos comer simplemente porque tenemos que comer. Porque tengo que rendir en mi trabajo o mi deporte. Por salud. Para no decaer más en mi estado de ánimo, etc., etc., etc..
Y escuchar un poco más mi cuerpo, entender lo que me pide, puede hacer de la alimentación más un aliado que un enemigo.
Y nada, ese era todo mi show de hoy. Si llegaste hasta aquí te agradezco por leer y espero que hoy hayas aprendido algo que sea funcional para ti. Te quiero mucho y te mando un abrazo ❤.
Bye! 🙂