Ágora Terapéutica

Ágora Terapéutica Atención psicológica profesional online y presencial. Enfoque en Psicoanálisis. Consultorio privado. https://agora-terapeutica.principalwebsite.com/

09/03/2026
09/03/2026
04/03/2026

La sconcertante attualità geopolitica ha reso la nuova edizione di questo libro dedicato alla passione dell’odio quasi necessaria. Non a caso, rispetto alla versione originale del 2004, è stato soppresso il capitolo sull’amore. Perché, in fondo, solo della passione dell’odio si tratta nel nostro tempo. Passione profondamente impastata con la spinta tetra della pulsione di morte, passione che una volta Lacan definì come un "percorso senza limiti". Diversamente dall’aggressività che implica sempre una qualche forma di reattività speculare, quella dell’odio viene descritta da Lacan come una passione “solida” che non ha come sua meta semplicemente la sconfitta dell’avversario e il proprio trionfo, ma il suo annientamento, la sua umiliazione, la sua negazione. In questo senso la carriera dell’odio è davvero destinata a non avere limiti poiché non è possibile per la forma umana della vita esistere se non in rapporto all’Altro, se non nell’esposizione irriducibile alla sua alterità che invece questa passione vorrebbe estirpare nel nome dell’Uno-tutto-solo. L’odio, infatti, manifesta l’Uno che non tollera l’esistenza del Due.

Dal mio "De odio" (Castelvecchi editore, 2025)

04/03/2026
03/03/2026

In quell'estate del 1979, eravamo solo io e "La nausea" di Sartre. Mi rivolsi alla "Nausea" di Sartre come un figlio può rivolgersi alle parole di un padre capace di spiegarmi quello che mi stava accadendo e che non potevo governare, capace di trovare le parole giuste - come dovrebbe fare un padre - non tanto per riscattare la ferita - impossibile da riscattare - ma, quanto meno, per provare a nominarla. Una vita che non sapevo come prendere e che mi sfuggiva da tutte le parti.

Dal mio "A libro aperto. Una vita è i suoi libri" (Feltrinelli, 2018)

28/02/2026

"In una scuola elementare di Milano, Matilde affronta la sua prima supplenza con più paure che certezze. Tra corridoi rumorosi e colleghe diffidenti, scopre subito che la vera sfida non sono le lezioni, ma le ingiustizie che si consumano tra i banchi. Key, un bambino nigeriano appena arrivato in classe, diventa il bersaglio di pregiudizi, discriminazioni e cattiverie gratuite. Matilde riconosce in lui le ferite della propria infanzia e decide di proteggerlo, anche a costo di scontrarsi con maestre, genitori e direttore scolastico. Il ricordo di Wittgenstein – il filosofo che non seppe trattenere la propria voce e la propria rabbia in classe – diventa per lei un simbolo, un nome segreto che affida al bambino, come segno di resistenza e dignità".

Lucrezia Lerro, "Wittgenstein urlava a scuola" (La nave di Teseo, 2026)

23/02/2026
22/02/2026

Nada nuevo bajo el sol.

22/02/2026

Freud lo llamaría compulsión a la repetición: el sujeto no vuelve porque no entienda, vuelve porque algo inconsciente insiste. Lacan diría que no amamos a la persona, sino al significante “ahora sí”. Y ese “ahora sí” tiene una fuerza erótica devastadora.

El arrepentimiento funciona como promesa narcisista: repara la herida sin modificar la estructura. La escena no es ingenuidad, es fidelidad al guión infantil donde el amor siempre regresa… aunque regrese igual.

La pregunta va sin malicia; pregunta como superyó cansado: “¿Otra vez?” Porque a veces no estamos enamoradas del hombre, sino de la esperanza de que, por fin, cambie el padre.

22/02/2026
22/02/2026

En 1964, cuando John Holt publicó How Children Fail, lanzó una acusación donde exponía que la escuela destruye la curiosidad natural de los niños. Sostuvo, que la estructura escolar, tal como funciona, transforma el deseo de aprender en miedo a equivocarse.

Holt hablaba desde la observación directa en aulas de primaria. Lo que encontró fue que los niños que, antes de ingresar a la escuela, preguntaban sin cesar, experimentaban, intentaban, fallaban y volvían a intentar, comenzaban a mentir, a fingir que entendían, a copiar respuestas y a diseñar estrategias para “sobrevivir” académicamente. La curiosidad iba desapareciendo poco a poco; porque se retraía como mecanismo de defensa.

Esto sucede porque la escuela tradicional sustituye la pregunta por la respuesta correcta. Cambia el proceso por la calificación. Premia la conformidad intelectual y castiga el error visible. En ese contexto, aprender deja de lado a la exploración y se convierte en administración del riesgo. El alumno ya no se pregunta “¿qué pasaría si…?”, sino “¿qué quiere el maestro que responda?”. Esa es la diferencia de fondo que Holt puso sobre la mesa.

Muchos docentes reciben esta crítica como si se tratara de un ataque personal, pero no lo es. El problema no radica en la vocación del profesor individual, sino en la arquitectura del sistema (currículos fragmentados, tiempos rígidos, evaluaciones estandarizadas y control conductual como condición previa para aprender). La curiosidad requiere tiempo, margen para la ambigüedad, posibilidad de error y diálogo auténtico. La escuela, en cambio, suele ofrecer prisa, homogeneidad y respuestas predeterminadas.

El dia de hoy, sigue estando presente, aunque ahora se exprese bajo nuevas narrativas. Hablamos de aprendizaje significativo, competencias, pensamiento crítico y enfoque humanista. En México, por ejemplo, la Nueva Escuela Mexicana plantea la centralidad del estudiante y una formación integral. Sin embargo, en la práctica cotidiana persisten la presión por generar evidencias cuantificables, la obsesión por cubrir programas y la subordinación del interés al calendario escolar.

Afirmamos que queremos estudiantes críticos, pero evaluamos obediencia académica. Decimos promover la autonomía, pero estructuramos cada minuto de la jornada. Aseguramos valorar la pregunta, pero el sistema premia la respuesta exacta. Holt comprendió que esta incoherencia no es accidental; cumple una función. Un sistema educativo masivo necesita previsibilidad. La curiosidad, en cambio, es imprevisible.

Quizá la escuela no erosiona la curiosidad por incompetencia, sino por diseño. La curiosidad auténtica desborda el currículo, cuestiona la autoridad del saber establecido y altera la secuencia planeada. Desde una lógica industrial de escolarización, eso resulta ineficiente. Desde una perspectiva de desarrollo humano, es imprescindible.

Esto no es nuevo, pues desde el siglo XIX, la escolarización masiva se configuró para alfabetizar y socializar en contextos de industrialización y consolidación del Estado. La estandarización fue, en su momento, una solución administrativa. Holt irrumpe en el siglo XX como una voz que cuestiona esa herencia cuando ya parecía incuestionable.

¿Implica esto que debamos abolir la escuela? No necesariamente. Pero sí obliga a reconocer que la institución, tal como opera, tiende a sofocar aquello que afirma promover. La cuestión no es si Holt exageró. La cuestión es por qué, seis décadas después, su diagnóstico sigue resonando en cada aula donde un estudiante deja de preguntar por temor a equivocarse.

Si realmente queremos proteger la curiosidad, debemos admitir que no basta con renovar el discurso pedagógico. Es necesario revisar las estructuras de poder en el aula, el sentido que damos a la evaluación y la manera en que entendemos el error dentro del aprendizaje. De lo contrario, continuaremos celebrando la curiosidad en el plano retórico mientras la limitamos en la práctica.

Holt fue radical en el sentido etimológico del término; es decir, fue a la raíz del problema. Y esa raíz sigue vigente, sosteniendo una discusión que aún no hemos resuelto.

¿Que opinas, actualmente las cosas han mejorado o siguen tal cual la describio Holt?

𝗣𝘀𝗶𝗰𝗼𝗹𝗼𝗴í𝗮 𝗣𝗮𝗿𝗮 𝗗𝗼𝗰𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀

14/10/2024

Tenía rato que no me conmovía tanto una novela, realmente desgarradora. La vegetariana!

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