22/02/2026
En 1964, cuando John Holt publicó How Children Fail, lanzó una acusación donde exponía que la escuela destruye la curiosidad natural de los niños. Sostuvo, que la estructura escolar, tal como funciona, transforma el deseo de aprender en miedo a equivocarse.
Holt hablaba desde la observación directa en aulas de primaria. Lo que encontró fue que los niños que, antes de ingresar a la escuela, preguntaban sin cesar, experimentaban, intentaban, fallaban y volvían a intentar, comenzaban a mentir, a fingir que entendían, a copiar respuestas y a diseñar estrategias para “sobrevivir” académicamente. La curiosidad iba desapareciendo poco a poco; porque se retraía como mecanismo de defensa.
Esto sucede porque la escuela tradicional sustituye la pregunta por la respuesta correcta. Cambia el proceso por la calificación. Premia la conformidad intelectual y castiga el error visible. En ese contexto, aprender deja de lado a la exploración y se convierte en administración del riesgo. El alumno ya no se pregunta “¿qué pasaría si…?”, sino “¿qué quiere el maestro que responda?”. Esa es la diferencia de fondo que Holt puso sobre la mesa.
Muchos docentes reciben esta crítica como si se tratara de un ataque personal, pero no lo es. El problema no radica en la vocación del profesor individual, sino en la arquitectura del sistema (currículos fragmentados, tiempos rígidos, evaluaciones estandarizadas y control conductual como condición previa para aprender). La curiosidad requiere tiempo, margen para la ambigüedad, posibilidad de error y diálogo auténtico. La escuela, en cambio, suele ofrecer prisa, homogeneidad y respuestas predeterminadas.
El dia de hoy, sigue estando presente, aunque ahora se exprese bajo nuevas narrativas. Hablamos de aprendizaje significativo, competencias, pensamiento crítico y enfoque humanista. En México, por ejemplo, la Nueva Escuela Mexicana plantea la centralidad del estudiante y una formación integral. Sin embargo, en la práctica cotidiana persisten la presión por generar evidencias cuantificables, la obsesión por cubrir programas y la subordinación del interés al calendario escolar.
Afirmamos que queremos estudiantes críticos, pero evaluamos obediencia académica. Decimos promover la autonomía, pero estructuramos cada minuto de la jornada. Aseguramos valorar la pregunta, pero el sistema premia la respuesta exacta. Holt comprendió que esta incoherencia no es accidental; cumple una función. Un sistema educativo masivo necesita previsibilidad. La curiosidad, en cambio, es imprevisible.
Quizá la escuela no erosiona la curiosidad por incompetencia, sino por diseño. La curiosidad auténtica desborda el currículo, cuestiona la autoridad del saber establecido y altera la secuencia planeada. Desde una lógica industrial de escolarización, eso resulta ineficiente. Desde una perspectiva de desarrollo humano, es imprescindible.
Esto no es nuevo, pues desde el siglo XIX, la escolarización masiva se configuró para alfabetizar y socializar en contextos de industrialización y consolidación del Estado. La estandarización fue, en su momento, una solución administrativa. Holt irrumpe en el siglo XX como una voz que cuestiona esa herencia cuando ya parecía incuestionable.
¿Implica esto que debamos abolir la escuela? No necesariamente. Pero sí obliga a reconocer que la institución, tal como opera, tiende a sofocar aquello que afirma promover. La cuestión no es si Holt exageró. La cuestión es por qué, seis décadas después, su diagnóstico sigue resonando en cada aula donde un estudiante deja de preguntar por temor a equivocarse.
Si realmente queremos proteger la curiosidad, debemos admitir que no basta con renovar el discurso pedagógico. Es necesario revisar las estructuras de poder en el aula, el sentido que damos a la evaluación y la manera en que entendemos el error dentro del aprendizaje. De lo contrario, continuaremos celebrando la curiosidad en el plano retórico mientras la limitamos en la práctica.
Holt fue radical en el sentido etimológico del término; es decir, fue a la raíz del problema. Y esa raíz sigue vigente, sosteniendo una discusión que aún no hemos resuelto.
¿Que opinas, actualmente las cosas han mejorado o siguen tal cual la describio Holt?
𝗣𝘀𝗶𝗰𝗼𝗹𝗼𝗴í𝗮 𝗣𝗮𝗿𝗮 𝗗𝗼𝗰𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀