03/09/2026
Un trauma no pertenece únicamente al pasado.
Cuando hablamos de trauma psicológico, no hablamos simplemente de un acontecimiento doloroso que ocurrió en algún momento de la vida. Hablamos de una experiencia que, cuando desborda los recursos disponibles para afrontarla e integrarla, puede dejar una huella persistente en la vida psíquica y en los sistemas que participan en la regulación del estrés.
Por eso, aunque el acontecimiento haya terminado, sus efectos pueden continuar manifestándose en el presente.
Una situación actual —una separación, un conflicto, una determinada forma de trato, una pérdida, una sensación de rechazo o incluso una circunstancia aparentemente cotidiana— puede activar respuestas emocionales y corporales vinculadas con experiencias anteriores.
La persona puede sentir miedo, ansiedad, hipervigilancia, bloqueo, necesidad de controlar, dificultad para confiar o una reacción corporal intensa sin comprender por qué aquello que está ocurriendo ahora produce una respuesta tan desbordante.
Esto no significa que el trauma quede literalmente almacenado como una herida física dentro del cerebro o del sistema nervioso. Cuando hablamos de una “lesión psíquica”, utilizamos una expresión metafórica para referirnos a una huella que puede involucrar procesos de memoria, aprendizaje, percepción de amenaza, regulación emocional y respuesta fisiológica al estrés.
El organismo aprende de aquello que ha vivido.
Y cuando una experiencia ha sido especialmente amenazante o abrumadora, determinados estímulos posteriores pueden ser interpretados como señales de peligro, incluso cuando objetivamente ya no existe la misma amenaza.
Por eso, algunas respuestas que desde fuera pueden parecer exageradas, incomprensibles o desproporcionadas pueden tener una historia.
Comprender esa historia no significa justificar el sufrimiento ni reducir a la persona a su trauma. Significa reconocer que muchas de esas respuestas pudieron surgir, en algún momento, como intentos de protección.
La psicoterapia puede ayudar a que esas respuestas dejen de operar exclusivamente de manera automática y puedan ser reconocidas, elaboradas e integradas.
Porque sanar no significa borrar lo vivido.
Significa que aquello que ocurrió pueda encontrar un lugar en la propia historia sin continuar gobernando el presente.
Luz Dueñas Colque
Psicóloga | Psicoterapeuta
Cuadernos de Psique y Movimiento