17/01/2026
Soy la segunda de cinco hermanos, nunca he sentido que mis papás tengan alguna preferencia por alguno de nosotros.
Ahora que estoy en el proceso de crianza me doy cuenta de la maravillosa labor que hicieron.
Cuando iba al colegio teníamos que estar en el carro a las 7:30 a. m. ya listos. Nuestra rutina obligatoria significaba:
✔️ Correr 20 minutos
✔️ Bañarte en 3 minutos con agua fría
✔️ No pelear con tus hermanos
✔️ Tomar desayuno en la mesa, todos juntos
✔️ No televisión
✔️ Revisar lonchera (los 5 iguales)
✔️ Pila y dientes
Si no estabas 7:30 a. m. en el carro te ibas en micro al colegio, y vivíamos en Chaclacayo.
Tuve la suerte que mi papá escogió un trabajo independiente, entonces nos llevaba y recogía del colegio casi todos los días. Mi mamá no trabajaba y se encargaba de la casa. Era obligado comer juntos el almuerzo tipo 4 p. m. que llegáramos, a las 7 p. m. máximo se apagaba la tele y 8:30 p. m. todos durmiendo. Pobre el amigo que llamaba después de las 8 p. m. a la casa, mi papá colgaba y le decía no son horas de llamar y al que llamaron lo hacía escribir 1000 veces: “los horarios de mi casa se respetan”.
No siento que el no haber escogido mis alimentos, el haberme acostado temprano por 16 años y sobre todo el haber vivido lejos de mi colegio me haya generado un trauma, al revés siento que me ayudó a ser más organizada, cero engreída y sobre todo el estar juntos en los momentos del carro y de la hora de las comidas ayudó a que seamos súper unidos y tolerantes.
Cuando terminé el colegio la rutina cambió muchísimo, pero solo en horarios, todo se tuvo que adelantar en tiempo y la llegada a mi casa era a veces de 9 p. m. Fue duro, porque trabajaba yendo a las casas, estudiaba y vivía lejos (no había internet portátil para ir avanzando). Llegaba a mi casa y seguía trabajando.
Aprendí a leer en los micros y a estudiar mientras hacía bici estacionaria. Fueron años de mucho aprendizaje, de sacada de mugre y ahora valoro mucho más lo que tengo gracias a eso.
Mis hijos si quieren algo ahora es todo más rápido, y sí es cierto que se frustran más, al ver todo en el celular en vivo, quieren más cosas, pero no por eso uno puede dejar de educar y poner límites.
Siento que ahora educar es más difícil:
Aurelio tiene 12 años y le cuesta muchísimo esperar, quizás a mí ahora también un poquito y creo que es porque si quieres algo no tengo que pensar en ello y es inmediato a un click: la comida, un encargo y el programa que quiero ver. Si quiero hablar con alguien y lo llamo ni siquiera suena ocupado.
Mi hija de 15 es súper sociable, ayer concierto de Bad Bunny y hoy camino a la playa con 6 amigas para otra fiesta, mis papás fueron estrictos en horarios pero muy accesibles a las fiestas y la diversión los fines de semana.
Ahora cada 5 min te preguntas, ¿cuánto dice Waze que falta para llegar? En mi época la preocupación era que el carro no deje de funcionar y que el tren de la Priale no esté parado.
Y ahora puedo seguir a mis hijos en vivo gracias a una aplicación del celular.
Trabajo a media cuadra de mi oficina y nunca llevo a mis hijos al colegio. Pero me organizo para buscar calidad de tiempo con ellos, me levanto a las 5 a. m. para correr, y como me enseñaron me “riego”, no me ducho y podemos tomar desayuno todos en la mesa.
Ya que el almuerzo es en sus colegios, cenamos juntos 7 p. m. y todos juntos nos acostamos temprano para poder arrancar bien al día siguiente.
Al solo tener dos hijos y la suerte de que alguien me ayude en la cocina, hacemos el menú en familia. Cuando era chica no podía escoger mis alimentos y quizás peco que mi casa parece el desayuno un buffet de comida, pero a todos nos gusta diferente y para mí es la comida más rica del día.
Este post es para agradecerle a mis papás, que teniendo 69 y 75 años son personas intachables. Nadie podría hablar mal de ellos y sobre todo me han enseñado que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.
Mi mamá siempre con una sonrisa, empatía al máximo. Y mi papá menos entrador, pero atento al mundo, que si alguien necesita algo ahí estará.
Gracias por obligarme a hacer deporte, gracias por enseñarme que todo lo malo es por algo bueno, pero sobre todo gracias por dejar de hacer muchas cosas por poner en prioridad a la familia.
El reloj sirve para dar la hora, sirve para ordenarnos, pero no sirve para decir no tengo tiempo.
Si se quiere, se puede.