30/05/2026
Hay un momento en mi consulta que me conmueve siempre.
Salgo del consultorio a llamar al paciente, y veo entrar a una mamá con su pequeño de 4 años. Lo que me llama la atención es lo que ella trae en las manos: un folder.
Adentro va de todo. Recetas de pediatras anteriores. El carnet de vacunas. Un alta de hospitalización. Radiografías impresas de distintos meses. Un CD con imágenes de una tomografía. Más recetas. Y a veces, en un papel doblado en cuatro, un texto escrito a mano con la cronología de la enfermedad de su hijo. Fechas. Síntomas. Lo que probaron y lo que funcionó y lo que no. Todo, para no olvidar nada cuando me cuenten.
📁 Yo conozco bien esos folders.
Y cuando los veo entrar con uno, sin haber empezado todavía la consulta, ya sé dos cosas:
Que en esta consulta voy a poder ayudar más. Porque ahí dentro hay una historia completa que debo conocer entera.
Y que esa familia ha pasado por mucho. Cada papel doblado, cada CD guardado, cada receta pegada con cinta, es la traducción material de meses, a veces años, de preocupación. De noches sin dormir. De consultas donde salieron con un diagnóstico distinto cada vez.
Por eso, cuando se sientan frente a mí y abren el folder, reviso cada papel con tiempo.
🫂 Porque ese folder tiene información valiosa. Es lo que les quedó después de hacer todo lo posible.
Y muchas veces, en sus fechas y en sus recetas, aparece el patrón que me permite ayudar.
Si tú eres de esos papás o esas mamás que llegan con un folder lleno, déjame decirte algo: ese folder no es exceso. Es amor con método. Y el médico correcto sabrá leerlo contigo.
¿Tú guardas algún registro, folder o nota de los episodios de tu hijo?
Cuéntame aquí. A veces nombrarlo en voz alta ya alivia un poco.
Patricia Llaque
Neumóloga pediatra