12/05/2026
Jesús sana a un hombre que era sordo y tenía dificultad para hablar.
Pero hay un detalle muy importante: antes de sanarlo, Jesús lo aparta de la multitud.
Eso nos enseña algo claro: no todos los procesos necesitan ruido, opiniones o presión de la gente. A veces Dios trabaja mejor con nosotros en privado, cuando dejamos de escuchar tantas voces y permitimos que Él trate directamente con nuestro corazón.
Jesús le dijo: “Effatá”, que significa “ábrete”.
Y no solo se abrieron sus oídos; también se soltó su lengua y pudo expresarse correctamente.
Esta historia nos recuerda que Jesús no solo quiere sanar lo que otros ven. También quiere restaurar lo que por dentro quedó cerrado: la fe, la confianza, la voz, la seguridad y la capacidad de volver a conectarnos con Dios.