16/02/2025
CUALIDADES FEMENINAS/
EXPERIENCIA FEMENINA
La mujer ha sufrido mucho porque la mente femenina también ha padecido mucho. La mujer ha estado muy oprimida porque también su mente femenina lo ha estado. Siglos y siglos de opresión, de explotación, de represión; se ha practicado mucha violencia contra la mujer. Naturalmente, se ha vuelto astuta. Ciertamente, ha desarrollado su ingenio inventando sutiles métodos para torturar a los hombres. Es natural. Esa es la forma de actuar de los débiles. Quejándose, protestando –así es como ellos funcionan. A menos que comprendas esto, no podrás superarlo.
La mujer es frágil. Esa es su condición. Tiene una mayor armonía que el hombre. Es más musical, más rítmica que el hombre. Otra cosa: el hombre la ha estado aleccionando en cierta manera; le ha inculcado una mente determinada que no le permite deshacerse de su esclavitud. Esto viene siendo así desde hace tanto tiempo que la ha penetrado hasta los mismos huesos. Ella lo ha aceptado.
Pero la libertad es tal que, ocurra lo que ocurra, permaneces enfocado en ella. Nunca puedes perder el deseo de ser libre, porque ese es también el deseo de ser religioso, de ser divino. La libertad continúa siendo el objetivo, suceda lo que suceda.
Por tanto, ¿qué hacer cuando no existe manera alguna de sublevarse dado que la sociedad completa es machista? ¿Cómo luchar contra ello? ¿Cómo preservar un poquito de dignidad? La mujer se ha vuelto astuta y diplomática. Empieza a hacer cosas que directamente no son un ataque, pero sí indirectamente. Lucha con el hombre de forma sutil.
Ahí quedan siglos y siglos de indignidad y humillaciones. Puede que tu hombre no te haya hecho nada malo, pero él es la representación de todos los hombres. No puedes olvidarlo. Amas al hombre, a este hombre, pero no puedes amar la organización que los hombres han creado. Puedes amar a este hombre pero no puedes perdonar al hombre como tal. Y cuando miras a ese hombre, allí descubres la mente machista, y empiezas otra vez.
Esto es verdaderamente inconsciente. Crea una cierta neurosis en las mujeres. Las mujeres son más neuróticas que los hombres. Es natural, porque viven en una sociedad machista, confeccionada por y para los hombres, y ellas tienen que vivir en ella, amoldarse a ella. Tienen que amputarse muchas de sus partes, de sus miembros –miembros vivos- para ceñirse al papel mecánico que les es dado por el hombre. Se resisten, luchan. Y de esta continua lucha surge una cierta neurosis. En esto consiste ser una “insidiosa”.
Sé que existen situaciones en las que dos personas no están de acuerdo, pero eso es parte del crecimiento. No puedes encontrar a nadie que esté completamente de acuerdo contigo. Especialmente los hombres y las mujeres están en desacuerdo porque sus mentes son diferentes, su actitud ante las cosas es completamente distinta. Funcionan desde centros distintos. Por eso es absolutamente natural que no se pongan de acuerdo con facilidad, pero no hay nada malo en ello. Y cuando aceptas a una persona y la amas, también amas sus discrepancias. No empiezas a pelear, a manipular; intentas comprender el punto de vista del otro. E incluso si no puedes estar de acuerdo, al menos puedes aceptar estar en desacuerdo. Pero, aún así, perdura este profundo y sutil acuerdo: “Está bien, estamos de acuerdo en discrepar. Sobre este punto no vamos a llegar a un acuerdo –muy bien- pero no hay ninguna necesidad de pelear”.
El hombre es más argumentador. Hasta aquí las mujeres lo han aprendido: que si pasas por la argumentación, él ganará. Por eso no discuten, pelean. Se enfadan, y lo que no puedan hacer mediante la lógica, lo hacen a través de la ira. Lo sustituyen con el enfado, y, desde luego, el hombre acepta pensando: “¿Por qué crear tanto problema de una cosa tan pequeña?”. Pero esto no es un acuerdo y funcionará como un muro entre los dos. Escucha sus argumentos. Existen posibilidades de que esté en lo cierto –porque la mitad del mundo, el mundo exterior, el mundo objetivo, tiene que ser enfocado desde la razón. Por tanto, cuando se trate de una cuestión del mundo exterior existen más posibilidades de que el hombre tenga razón. Pero cuando sea un asunto del mundo interior, la mujer tiene más posibilidades de estar en lo cierto, porque allí no se necesita la razón. Así pues, si vas a comprar un coche, escucha al hombre, y si vas a elegir una iglesia, escucha a la mujer.
Hombre y mujer tienen que llegar a una cierta comprensión de que, en cuanto a lo que concierne al mundo de los objetos y las cosas, el hombre es más propenso a estar en lo cierto y ser más exacto. Él funciona mediante la lógica; es más científico, más occidental. Cuando la mujer actúa intuitivamente es más oriental, más religiosa. Es más probable que su intuición la lleve por el camino correcto. Así, si te diriges hacia una iglesia, sigue a tu mujer. Ella tiene un sentido más preciso para las cosas del mundo interior. Y si amas a una persona, poco a poco, llegas a comprenderlo, y surge un pacto tácito entre los dos amantes: quién va a tener razón en qué.
Y el amor es siempre comprensión.
Tanto la mente femenina como la mente masculina pueden revelar muchos misterios: pero así como existe conflicto entre la ciencia y la religión, también lo hay entre hombre y mujer. Se espera que un día hombre y mujer se complementen en lugar de chocar entre ellos, pero ese día será el mismo que la ciencia y la religión también se complementen entre ellas. La ciencia escuchará comprensivamente lo que la religión diga, y la religión lo hará con la ciencia. Y no habrá abusos, porque los campos son absolutamente distintos. La ciencia se dirige hacia el exterior, y la religión hacia el interior.
Las mujeres son más meditativas, los hombres más contemplativos. Ellos pueden pensar mejor.
Bien; cuando sea necesario pensar, escucha al hombre. Las mujeres pueden sentir mejor. Cuando sea necesario sentir, escucha a la mujer. Y ambos, sentir y escuchar, hacen de la vida un todo. Así pues, si realmente os amáis, os transformaréis en un símbolo del yin/yang. ¿Has visto el símbolo chino del yin/yang? Dos peces casi encontrándose y fundiéndose el uno con el otro en un movimiento profundo, completando el círculo de la energía. Hombre y mujer, femenino y masculino, día y noche, trabajo y descanso, pensamiento y sentimiento; no son antagónicos entre sí, son complementarios. Y si amas a una mujer o a un hombre, ambos engrandecéis enormemente vuestros seres. Os completáis.
Oshomensaje