23/08/2026
Cuando los hijos crecen, también miramos hacia atrás...
Hay un momento en la vida en que dejamos de mirar a nuestros hijos solamente como aquellos niños que necesitaban de nosotros y comenzamos a verlos como los adultos en los que se han convertido.
Y entonces, casi sin darnos cuenta, también comenzamos a mirar hacia atrás.
Recordamos la casa llena, las carreras, las preocupaciones, las noches sin dormir, las veces que dijimos que no, los regaños, las decisiones difíciles… y también aquellas ocasiones en las que quizás fuimos más fuertes de lo que hoy hubiéramos querido.
Con los años llegan preguntas que antes no nos hacíamos:
¿Lo hice bien?
¿Debí haber tenido más paciencia?
¿Estuve suficientemente presente?
¿Por qué fui tan fuerte aquella vez?
¿Habrán entendido cuánto los amaba?
Y algunas veces aparece la culpa.
Porque cuando los hijos ya son adultos tenemos algo que no teníamos mientras los criábamos: la posibilidad de mirar nuestra historia desde la distancia.
Pero hay algo que debemos recordar:
Criamos a nuestros hijos con la persona que éramos en aquel momento, con lo que sabíamos, con nuestras propias heridas, responsabilidades, temores y circunstancias.
No fuimos madres ni padres perfectos. Fuimos humanos.
Hubo días en que acertamos y otros en que seguramente nos equivocamos. Hubo abrazos y también límites. Hubo palabras dulces y otras que quizás hoy diríamos de manera diferente.
Y sí… a veces también llega cierta soledad.
La casa cambia.
Las llamadas son diferentes.
Ya no nos necesitan de la misma manera.
Sus vidas se llenan de responsabilidades, parejas, hijos, trabajos, sueños y caminos propios.
Y aunque eso es precisamente lo que deseábamos "que pudieran volar", nadie nos explicó que verlos volar también podía doler un poquito.
Pero entonces los observamos…
Vemos cómo enfrentan la vida, cómo toman decisiones, cómo aman, cómo luchan, cómo se levantan después de caer.
Y comprendemos que, entre nuestros aciertos y nuestros errores, algo bueno también sembramos.
Tal vez la maternidad y la paternidad nunca fueron acerca de criar hijos perfectos.
Tal vez fueron acerca de amar, acompañar, enseñar, equivocarnos, aprender… y finalmente tener el valor de abrir las manos para dejarlos construir su propia vida.
Así que, si hoy tus hijos son adultos y alguna vez has mirado hacia atrás preguntándote si pudiste hacerlo mejor, trata de mirar también hacia adelante.
Mira en quiénes se han convertido. Y permite que, junto a las nostalgias y los recuerdos, también tenga un lugar el orgullo.
Porque quizá no fuiste la madre o el padre perfecto que alguna vez imaginaste… pero fuiste parte de la historia de la persona que hoy tienes frente a ti. 🤍
🌿 Este es mi ratito para el alma.
Sonia I Rodríguez
Tanatóloga Clínica🦋
Consultora en Duelo Gestacional, Perinatal & Neonatal💜🪽