13/10/2026
QUÉ FÁCIL ES QUERER A MAMÁ CUANDO HAY OTRO HERMANO QUE SE ENCARGA DE CUIDARLA…
En casi todas las familias hay una hija que se quedó cerca de mamá. Esa que está pendiente de que no se caiga cuando entra a la bañera, la que la acompaña al médico, la que le compra las medicinas, la que le prepara la comida y la que se despierta en mitad de la noche cuando escucha que mamá necesita algo.
Pero también está el otro hijo, el que vive lejos, el que llama los domingos y pregunta: «Mamá, ¿cómo estás?».
Y mamá, para no preocuparlo, responde: «Bien, hija, no te preocupes, todo está bien».
Y después de esa llamada, cada uno sigue con su vida, mientras la hija que vive cerca continúa con su responsabilidad, con sus preocupaciones y con ese cansancio que muchas veces no se atreve a confesar.
Y quiero que entiendas algo: vivir lejos de mamá no es ningún delito. Lo que duele es pensar que, porque hay alguien cuidándola, los demás ya cumplieron con su responsabilidad.
Porque todos preguntan: «¿Cómo está mamá? ¿Ya tomó sus medicinas? ¿Qué dijo el médico?».
Pero muy pocos hacen otra pregunta que también importa muchísimo: «¿Y tú cómo estás? ¿Estás cansada? ¿Necesitas que te ayude? ¿Quieres que vaya para que puedas descansar un día?».
Porque quien cuida también se cansa, también se enferma, también tiene problemas y también necesita que alguien lo abrace y le diga: «Tranquila, hoy me encargo yo».
Y a veces, esa hija no necesita que le manden dinero ni que le den las gracias. A veces, lo único que necesita es que sus hermanos aparezcan, que se sienten junto a mamá y que le permitan respirar un poquito.
No esperes a que esa persona que cuida a tu madre termine agotada para darte cuenta de todo lo que ha hecho.
Si vives lejos, puedes ayudar. Puedes organizar una visita, pagar una medicina, acompañarla a una consulta por videollamada, turnarte con tus hermanos o viajar para que quien cuida pueda descansar.
Porque mamá es de todos los hijos, no solamente de aquel que tuvo la suerte, o la responsabilidad, de vivir más cerca.
Y recuerda algo: el amor por una madre no se demuestra solamente preguntando cómo está ella, sino también preocupándote por quien hace todo lo posible para que esté bien.
Porque el día que mamá ya no esté, de nada servirá decir que la amabas mucho si nunca encontraste tiempo para compartir su cuidado.
Dios bendiga a esas hijas y esos hijos que cuidan en silencio, que lloran a escondidas y que, aun estando agotados, siguen dando amor.
Y a ti, que tienes a tu madre viva, te dejo esta pregunta: cuando llamas para preguntar cómo está mamá, ¿alguna vez te has detenido a preguntarle a quien la cuida: «¿Y tú cómo estás? ¿En qué puedo ayudarte?»