28/06/2026
En los últimos días he escuchado muchas críticas sobre el costo de las evaluaciones psicológicas. Algo que he aprendido a lo largo de los años es que una persona tiene derecho a entender exactamente qué está pagando. Por eso, durante la consulta inicial, discuto detalladamente el proceso evaluativo, las áreas que serán examinadas, el tiempo requerido para completar el trabajo y presento un estimado de buena fe sobre los servicios que estaré ofreciendo.
La transición hacia plataformas digitales ha traído múltiples beneficios en términos de precisión y seguridad, pero también ha aumentado significativamente los costos operacionales. Muchas pruebas modernas requieren licencias individuales, protocolos digitales y sistemas de corrección especializados que generan gastos recurrentes para el profesional.
Por eso, cuando una evaluación compleja tiene un costo extraordinariamente bajo, es importante preguntarse qué se está incluyendo realmente en ese proceso.
Recientemente revisé un caso de un estudiante que necesitaba documentación para acomodos razonables. La evaluación consistía únicamente en una escala de inteligencia, una prueba visomotora y una medida de ansiedad. Sin entrar en detalles, resulta difícil comprender cómo una batería tan limitada podría responder adecuadamente a las preguntas del referido o sustentar recomendaciones de alto impacto educativo.
La evaluación psicológica no debe medirse por la cantidad de páginas del informe ni por el precio más bajo disponible. Debe medirse por su capacidad de responder las preguntas correctas, sustentar decisiones importantes y resistir el escrutinio profesional cuando realmente importa.
Porque una evaluación económica puede parecer una buena inversión hoy, pero una evaluación que no responde al propósito para el que fue solicitada probablemente terminará teniendo que repetirse mañana.
Dra. Malvaliz