30/05/2026
El pie diabético no aparece de un día para otro: muchas veces empieza con señales pequeñas que se ignoran.
La imagen muestra varias alertas importantes: pérdida de sensibilidad, cambios de color, enrojecimiento, edema, fisuras, callosidades, mala cicatrización, deformidad de los dedos, úlceras plantares e infección. Todas pueden aparecer cuando la diabetes afecta los nervios, la circulación y la capacidad del cuerpo para reparar la piel.
Uno de los problemas más peligrosos es la pérdida de sensibilidad. La persona puede tener una herida, una ampolla, una piedra dentro del zapato o una zona de presión y no sentir dolor. Mientras tanto, la lesión puede crecer y profundizarse sin que el paciente lo note.
A esto se suma la mala perfusión: cuando el flujo hacia el pie no es adecuado, los tejidos reciben menos oxígeno y nutrientes. Por eso una pequeña fisura o una úlcera puede tardar mucho en cerrar, infectarse con facilidad y convertirse en una complicación seria.
Las callosidades también son importantes. Aunque parezcan “piel dura”, muchas veces indican puntos de presión excesiva. Debajo de un callo puede formarse una herida profunda, especialmente en personas con neuropatía diabética.
Hay que prestar atención si el pie cambia de color, se hincha, se pone rojo, caliente, doloroso, aparece mal olor, secreción, piel agrietada, uñas lesionadas o heridas que no cicatrizan. En una persona con diabetes, ninguna lesión en el pie debe tomarse a la ligera.
La prevención es clave: revisar los pies todos los días, secar bien entre los dedos, usar calzado cómodo, no caminar descalzo, controlar la glucosa, cuidar las uñas correctamente y acudir a controles médicos o podológicos.
Busca atención cuanto antes si aparece una úlcera, infección, cambio de coloración, pérdida de sensibilidad, dolor nuevo, hinchazón marcada o una herida que no mejora.
El pie diabético no se previene mirando solo la glucosa: también se previene mirando los pies todos los días.
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Nota aclaratoria: Este contenido es informativo y académico. No reemplaza la valoración clínica directa ni pretende ser una guía de autodiagnóstico. Ante cualquier signo o síntoma, busca atención médica calificada.