09/01/2026
Amaury Vergara creció rodeado de negocios, futbol y de la visión empresarial de su padre, Jorge Vergara. Pero su formación inicial estuvo lejos de las oficinas: estudió cine en Nueva York y durante años pensó en dedicarse a la industria creativa. Fue hasta 2018, a los 31 años, cuando asumió como vicepresidente ejecutivo y director general de Grupo Omnilife.
El reto no era pequeño. Cuando tomó mayor responsabilidad, Omnilife tenía presencia en más de 21 países y venía de enfrentar años complicados financieramente. Amaury comenzó a impulsar una transformación enfocada en tecnología, modernización e institucionalización del grupo. Durante 2020, las ventas de la compañía crecieron más de 30% y la facturación proyectada superaba los 700 millones de dólares.
Uno de los cambios más claros fue la digitalización. Antes de la pandemia, el canal de venta digital representaba apenas 2% de las ventas; entre marzo y septiembre de 2020 pasó a 15%. Además, ese año el grupo destinó alrededor de 200 millones de pesos a tecnología y modernización de sus operaciones.
La historia de Amaury deja una lección interesante sobre las empresas familiares: recibir las llaves de un negocio no te entrega automáticamente las habilidades para dirigirlo. El apellido puede abrir una puerta, pero los resultados dependen de las decisiones que tomas después. Heredar una empresa puede darte una ventaja inicial; convertirla en una empresa preparada para el futuro requiere aprender, adaptarse y demostrar liderazgo.