09/09/2026
Yo oraba para que se portara bien.
Para que se quedara sentado. Para que escuchara a la primera. Para que el informe del colegio dijera otra cosa.
Hasta que entendí que le estaba pidiendo a Dios lo que le pedía a él: un comportamiento. Y eso No era lo que necesitaba.
Mi hijo no necesitaba portarse mejor. Necesitaba un cuerpo que por fin lo dejara estar presente.
Cuando un reflejo primitivo se queda activo, tu hijo gasta en sostener su propio cuerpo la energía que necesitaría para concentrarse, para regularse y para aprender. Se esfuerza el doble y avanza la mitad.
Por eso cambié mis oraciones.
Dejé de pedir obediencia y empecé a pedir margen. Calma para su cuerpo. Tiempo para su proceso. Y paciencia para mí, que soy de quien él toma prestada la calma que todavía a veces cuesta.
Y sigo haciendo lo que me toca: el movimiento, la rutina, la constancia en los días en que no veo nada.
Porque la oración no sustituye el acompañamiento. Me da la fuerza para sostenerlo.
Cuéntame si vas a orar así por tu hijo esta noche 💜
Y guárdalo para el día que se te olvide por qué lo haces.