08/31/2026
“El cigarro no era mi vicio… era la solución que yo creía tener para todo lo que sentía.”
“Yo no fumaba solamente porque me gustaba el cigarro… fumaba porque sentía que lo necesitaba.”
Era mi momento para relajarme.
Me ayudaba a ir al baño.
Era parte de socializar.
Me acompañaba cuando estaba ansiosa.
Cuando quería desconectarme, ahí estaba el cigarro.
Y quizás por eso dejarlo fue tan difícil.
Porque cuando tienes un vicio, muchas veces no estás tratando de soltar solamente una sustancia. Estás tratando de cambiar una conducta que tu cerebro aprendió a relacionar con placer, alivio, tranquilidad o recompensa.
Hoy llevo 7 años sin fumar.
¿Fue fácil? No.
Tuve que aprender a manejar mi ansiedad de otra manera. Tuve que encontrar otros espacios para relajarme, mover mi cuerpo, respirar, cuidarme, cambiar rutinas y construir hábitos que poco a poco ocuparan el lugar que antes tenía el cigarro.
Y hoy puedo decir que soy muy feliz de haberlo hecho.
Porque entendí algo: un vicio puede hacerte creer que es la solución a lo que sientes, cuando muchas veces solo está silenciándolo por un momento.
Y esto no se trata únicamente del cigarro.
Hoy es muy fácil buscar una salida rápida: alcohol, comida, vapeo, redes sociales, compras o cualquier conducta que nos produzca ese alivio inmediato.
Por eso, antes de juzgar a alguien por un vicio, habría que preguntarse:
¿Qué está buscando sentir cuando recurre a él?
¿Qué ansiedad está intentando calmar?
¿Qué necesidad está tratando de llenar?
Cambiar un vicio no es simplemente decir “no lo hago más”. Es aprender a construir nuevas maneras de sentir placer, tranquilidad, conexión y bienestar.
Siete años después, entendí que no necesitaba un cigarro para sentirme bien. Necesitaba aprender a sentirme bien conmigo. ❤️
Y si hoy estás luchando por dejar algo que sabes que no te hace bien, recuerda: puede ser difícil, pero cada pequeño cambio de hábito cuenta.