06/23/2026
👉👉 Así es el proceso de la menstruación Cada mujer nace con casi todos los óvulos que tendrá en toda su vida: más de un millón, guardados dentro de sus ovarios. Pero de todos esos, solo unos cuantos cientos llegarán a salir. Y cada mes, su cuerpo elige uno, lo madura y prepara todo por dentro para una posible nueva vida. Si esa vida no llega, todo se desecha y vuelve a empezar.
Así, paso a paso, funciona el ciclo menstrual.
Para entenderlo hay que conocer a los protagonistas. Dentro de la pelvis está el útero, el órgano donde podría crecer un bebé, recubierto por dentro de una capa llamada endometrio. A los lados salen las trompas de Falopio, y al final de cada una está un ovario, donde se guardan miles de pequeñas bolsitas llamadas folículos, cada una con un óvulo inmaduro en el centro. El óvulo es la célula reproductora femenina, y es una de las células más grandes de todo el cuerpo humano.
El ciclo comienza el día uno, que es justamente el primer día del sangrado. Mientras la mujer menstrúa, su cerebro ya está dando la siguiente orden: dentro del ovario, varios folículos empiezan a crecer y a madurar al mismo tiempo. Conforme crecen, producen una hormona femenina llamada estrógeno, que viaja por la sangre y le da una instrucción al útero: empezar a recubrirse de una capa gruesa y esponjosa, por si este mes hay un embarazo.
Alrededor del día siete ocurre algo curioso. De todos los folículos que estaban creciendo, casi todos se detienen y mueren… excepto uno. Ese sobreviviente se conoce como folículo dominante, y será el único que siga creciendo y madurando, llevándose toda la energía para sí mismo.
Hacia el día doce, ese folículo dominante produce una enorme cantidad de estrógeno que llega hasta el cerebro y activa una glándula del tamaño de un chícharo llamada hipófisis. Como respuesta, esta libera de golpe la hormona luteinizante. Esa descarga es la señal definitiva: alrededor del día catorce provoca que el óvulo termine de madurar muy rápido y se desprenda del folículo. El folículo se rompe y libera al óvulo. A esto se le llama ovulación.
En ese momento entra en acción la trompa de Falopio. En su extremo tiene unas finas prolongaciones llamadas fimbrias, que funcionan como dedos que recogen al óvulo recién liberado y lo arrastran hacia adentro. Una vez dentro, pequeñas contracciones y unos cilios microscópicos lo van empujando poco a poco hacia el útero. Estos son los días fértiles, cuando el cuerpo también libera un flujo transparente y elástico, muy parecido a la clara de huevo.
Después de la ovulación empieza la segunda mitad del ciclo. El folículo que se quedó vacío se transforma y empieza a producir otra hormona: la progesterona, encargada de mantener gruesa y lista esa capa del útero, por si el óvulo es fecundado y logra implantarse. Si eso ocurre, comienza un embarazo. Pero si el óvulo no es fecundado, en uno o dos días simplemente se desintegra.
Hacia el final del ciclo, al ver que no hubo embarazo, la producción de progesterona cae de manera drástica. Esa caída repentina de hormonas es la que provoca el famoso síndrome premenstrual, con síntomas como cambios de humor, hinchazón, retención de líquidos, sensibilidad en los pechos y cólicos.
Y así, alrededor del día veintiocho, sin las hormonas que la sostenían, esa capa gruesa y esponjosa del endometrio ya no puede mantenerse. El útero la expulsa con pequeñas contracciones, que sentimos como cólicos, y la elimina en forma de sangrado. Ese es, otra vez, el día uno. Y todo el ciclo vuelve a empezar.
Este es el ciclo típico de veintiocho días, aunque su duración cambia de una mujer a otra y eso es completamente normal. Detrás de algo tan cotidiano se esconde una de las maquinarias más precisas y asombrosas del cuerpo humano.
Si conoces a una mujer de la que te sientes orgulloso, o te sientes orgullosa de serlo, comparte esta información para que más gente entienda y respete lo que ocurre cada mes.
Primeros Auxilios