11/19/2024
Séptimo paso —El espíritu
—Es difícil pensar que pueda haber una etapa superior de la vida —dijo Galahad al
cabo de un momento, profundamente conmovido por la descripción del vidente.
—Ten cuidado con esa palabra superior —le advirtió Merlín—. El ego es el que
tiene necesidad de lo superior y lo inferior. La meta de tu vida es la libertad y la
realización. A la realización se llega únicamente al conocer a Dios tan completamente
como Él se conoce a Sí mismo. Ustedes los mortales tienen una sed constante de
milagros, pero yo les digo que el milagro más grande son ustedes, porque Dios les ha
dotado de esa capacidad única de identificarse con Su naturaleza. Una rosa perfecta
no siente que es una rosa; un ser humano realizado sabe lo que significa ser divino.
—¿Es posible describir ese estado? —preguntó Percival.
—Es el séptimo y último paso de la alquimia, el espíritu puro. Cuando llega, el
vidente se da cuenta que lo que parecen ser la dicha y la realización totales todavía
pueden ampliarse. Porque llegar a la presencia de Dios no es el final de la aventura
sino el principio. Comenzaron en la inocencia, y así terminarán. Pero esta vez la
inocencia es diferente porque habrán adquirido el conocimiento pleno, mientras que
cuando eran bebés, la inocencia era apenas un sentimiento.
—Cuando puedan verse como espíritu, dejarán de identificares con este cuerpo y
esta mente. Al mismo tiempo cesarán también los conceptos de nacimiento y muerte.
Serán una célula en el cuerpo del universo, y ese cuerpo cósmico será tan íntimo
como lo es ahora su cuerpo físico. Esto es lo más que puedo decirles acerca de la
manera como se siente el mago, porque mago es sólo otra palabra para describir la
séptima etapa.
—Comprendan esto: para el mago, el nacimiento no es otra cosa que la idea de
tener un cuerpo, mientras que la muerte es apenas la idea de no tener ya ese cuerpo.
Puesto que los magos no están sujetos a la ilusión del nacimiento, cualquier cuerpo
que asumen es considerado un patrón de energía y cualquier mente un patrón de
información. Estos patrones cambian eternamente; van y vienen. Pero el mago mismo
está más allá del cambio. La mente y el cuerpo son como habitaciones en las que
decide vivir, pero no todo el tiempo.
—No hay sentimiento o pensamiento que pueda aproximar este estado o traerlo
hasta ustedes. El espíritu nace del silencio puro. El diálogo interno de la mente debe
cesar y no reiniciarse nunca, porque ya no existe aquello que dio lugar al diálogo
interno: la fragmentación del ser. Su ser estará unificado y, así como el bebé del
principio, no sentirán duda, vergüenza o culpa. De la necesidad de dualidad del ego
brotó un mundo de bien y mal, correcto e incorrecto, luz y sombra. Ahora verán que
los contrarios están fusionados. Ése es el punto de vista de Dios, porque a donde
quiera que mira se ve a Sí mismo.
—Si creen que esta meta es demasiado elevada o se encuentra demasiado lejos,
les diré un secreto. Aunque crean que pasan por los siete pasos de la alquimia, todos
estaban presentes desde el comienzo. En la inocencia estaba la totalidad de Dios,
como lo está también en el ego, en el afán de realizar, en el dar o en la búsqueda. Lo
único que cambia realmente es el foco de atención. En su ser están todos los aspectos
del universo, tan completos y eternos como el universo mismo. Pero aun así, el
nacimiento al espíritu es un suceso tremendo. A medida que madure la unidad, se
familiarizarán cada vez más con la divinidad, hasta que finalmente podrán
experimentar a Dios como un ser infinito que se mueve a velocidad infinita a través
de dimensiones infinitas. Cuando llegue esa experiencia sobrecogedora, parecerá tan
natural y simple como estar sentados aquí bajo las estrellas y, no obstante, ustedes
serán cada una de esas estrellas titilantes.
Como suele suceder cuando los magos hablan, los dos caballeros se sintieron
transportados al estado que Merlín les estaba describiendo. Galahad alzó los ojos al
cielo y sintió como si súbitamente pudiera tocar las estrellas. Sintió el corazón
invadido por una sensación de pertenecer verdaderamente al mundo. «Hemos llegado
al hogar», susurró para sí mismo Percival.
—No se sientan abrumados —murmuró Merlín—. Sus sentimientos son muy
intensos porque son nuevos. En realidad, éste es su estado natural. Ser uno con el
cosmos, estar íntimamente ligados con la vida en todas sus formas, llegar a la unidad
última con su propio Ser —ése es su destino, el final de su búsqueda.
—Al final llegaremos al principio —murmuró Galahad.
—Sí —dijo Merlín—. Cada uno de ustedes comienza con el amor, pasa por la
lucha, la pasión y el sufrimiento, sólo para terminar nuevamente en el amor. La voz
de Merlín se fue haciendo más suave a medida que el círculo de luz se iba
desvaneciendo—. Ustedes los mortales tienen sed de milagros, les digo, y nada se les
negará como hijos privilegiados del universo que son. El espíritu es el estado de lo
milagroso, el cual se desenvolverá para ustedes en tres etapas:
—Primero, experimentarán milagros en el estado conocido como consciencia
cósmica. Cada suceso material tendrá una causa espiritual. Cada acontecimiento
local también estará teniendo lugar en el escenario del universo. Su más pequeño
deseo hará que las fuerzas cósmicas operen para provocar su realización. Por
maravilloso que eso parezca, no es un estado tan avanzado, porque mucho antes
de llegar a la consciencia cósmica se habrán acostumbrado a que sus deseos se
hagan realidad espontáneamente.
—Segundo, realizarán milagros en el estado denominado consciencia divina. Es
el estado de la creatividad pura en el cual se funden con el poder de Dios, por el
cual Él crea mundos y todo lo que sucede en ellos. Ese poder no se deriva de
nada que haga Dios (es simplemente Su luz de consciencia). Verán la
consciencia divina como un resplandor de oro que brilla a través de todo lo que
sus ojos contemplen. El mundo se ilumina desde adentro y no quedan dudas que
la materia es simplemente el espíritu manifiesto. En la consciencia divina se
verán a sí mismos como lo creado, no el creador, como el dador de vida, no el
receptor.
—Tercero, se convertirán en el milagro, en el estado denominado consciencia de
la unidad. Ahora cualquier diferencia entre el creador y lo creado ha
desaparecido. Su espíritu se fusiona con el espíritu de todo lo demás. Su retorno
a la inocencia lo abarca todo porque, al igual que el bebé que toca la pared o la
cuna y solamente se siente a sí mismo, verán cada acción como espíritu
volcándose en el espíritu. Vivirán en total sabiduría y confianza. Y aunque
parecerá que todavía viven dentro de un cuerpo, éste será solamente un grano de
Ser en las playas de ese océano infinito de Ser que son ustedes.
—Los caballeros no tenían idea de cuánto tiempo había transcurrido desde que
Merlín comenzara a hablar. Se sentían elevados a un espacio donde las esferas de Ser
se abrían una tras otra como los pétalos de una flor. Y cuando la última se abrió
pudieron ver en su interior un diamante casi translúcido rotando en el centro. «¿Qué
es eso?» —quiso saber Galahad, pero no se atrevió a preguntar.
—He ahí el Grial —susurró Merlín—. El desarrollo de su búsqueda los ha llevado
hasta una visión de la meta —el punto de luz pura, la esencia diamantina que alumbra
dentro de su alma. Los dos caballeros se arrodillaron en el suelo gélido y oraron en
sus corazones por la gracia de merecer la visión. «Vivan con devoción este
momento», dijo Merlín. «Los he traído hasta aquí motivado por su deseo más
profundo, pero ahora deberán conquistar ustedes mismos el verdadero Grial, no
solamente su visión.
—¿El verdadero Grial? —murmuró Percival—. ¿Qué debemos buscar? ¿Esta
misma imagen?
—No esperen, no tengan expectativas —advirtió Merlín a medida que se
desvanecía la visión del Grial—. El hombre busca símbolos, y los símbolos cambian
de una era a otra. Pero lo que les he mostrado no es un símbolo sino la verdad. El
Grial es el punto cristalino del Ser dentro de sus corazones. Sus facetas reflejan la luz,
y a partir de esos tenues reflejos surgen todas las facultades de la mente y el cuerpo
que ustedes perciben a través de sus sentidos. Como reflejos son reales, pero mucho
más real es este diamante transparente de Ser puro.
—De pronto, Merlín bostezó echando la cabeza hacia atrás como si fuera la
sensación más deliciosa del mundo. Estiró los brazos y se puso de pie. La oscuridad
era casi total después de extinguirse el fuego, pero Percival y Galahad podían sentir
los ojos de Merlín fijos en ellos. Les dijo—: Un día recordarán esta noche y
preguntarán: «¿Quién eres tú, Merlín?». Desde más allá de los confines del tiempo,
les responderé de esta manera: Soy aquel que no necesita de milagros. Soy un mago
y, para mí, estar aquí es suficiente milagro. ¿Qué podría ser más milagroso que la
vida misma?
—El anciano desapareció con el último resplandor del fuego. Percival y Galahad
permanecieron inmóviles, sin decir palabra. Estaban aún bajo el hechizo del discurso
de Merlín, pero a medida que éste se desvanecía, temblaron lamentando su regreso a
la tierra. Al caer el alba echaron a andar hacia el castillo. A la luz del nacimiento
dorado del Sol, Percival vio al rey Arturo parado en la ventana de su recámara real;
tenía su mirada fija en ellos.
—¿Crees que debamos contarle esto? —preguntó Percival, señalando hacia el
castillo.
—Galahad sacudió la cabeza—. Estoy seguro de que el rey sabe lo sucedido; tuvo
que haberle pasado a él o, de lo contrario ¿por qué su renuencia a hablar del Grial?
Pero te diré esto, hermano caballero. Desearía que Arturo comprendiera que estamos
con él en la misma búsqueda que propone Merlín. Acordemos llamar a esta noche la
noche de la cueva de cristal. El rey sabrá lo que queremos decir.
—Y aunque no habían estado en cueva alguna sino bajo el manto del firmamento
estrellado, Percival estuvo de acuerdo inmediatamente.
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